19 septiembre 2013

LIBERTAD TRAS LAS REJAS





SALIDA


La primavera se comunica
como una pequeña sombra
que resbala y se calma

pues no se escribe un poema
desde el centro,

todo es una huida
desde el miedo hacia el miedo,

desde el precipicio hacia el precipicio.

Mientras la poesía me roba el tiempo,
las flores se deslizan
de párpado a párpado.

Y la noche,
esa pequeña niña de nieve
con ojos de gacela
se dirige desde su centro hacia el mío,

desde mi hombro hacia el suyo,

aunque en vano,

pues no existe salida posible.

© Virginia Fernández Collado, 2013

 


Desde el camino

En las montañas nevadas
donde la primavera siempre tiene prisa,
en los nidos de rocas
donde el mar evoca plenilunios de espuma,
en carreteras secundarias
con gasolinera y un bar con la barra mugrienta,
en una habitación de hotel
donde el abandono toma forma de canción triste.

En trenes medio vacíos,
en aviones clase turista medio llenos,
en estaciones donde no para la alegría,
en las aceras agrietadas de los barrios periféricos,
en calles malditas a las que la ciudad da la espalda,
en un desierto que te cruza el pecho.

Donde un labio
mana sangre tras morder la manzana de la belleza.
Donde una palabra
encubre traición y arena, nubes altas y arrecifes.

Fuera o dentro de ti,
más allá del corazón del árbol,
por encima de la condena de los hombres,
temblando hacia la epifanía de la luz
o prisionero de la sombra.

Lo que importa es estar en el camino.

© Francisco Vargas Fernández, 2013

13 septiembre 2013

Virginia Fernández, "Listas y preferencias"

Listas y preferencias


1. Después de la religión de las salamanquesas,

2. los ojos del depredador,

3.por orden de importancia
los bosques,
libres como las alas de las bailarinas,
heridos,
hambrientos

por supuesto
4.el silencio llamado noche
o muchacho de flecha

5. mar

o sonido de serpiente

6. invierno

y 7. lluvia

8. Por último:

lunes y despertador.

© Virginia Fernández Collado, 2013

02 septiembre 2013

Francisco Vargas, "Septiembre"


Septiembre


Busco la unión con tu nombre,
la imperceptible comunión de los astros,

pero nos separan las montañas de la luna,
nos separa el amanecer de ojos rojos.

Los veranos se deshacen entre olas
-encerrados en bolas de cristal y brillantina-
y los otoños aúllan con hojas caducas.

Te digo adiós con manos de tierra
- mas allá de mi cárcel de rallas de tigre-
con labios de azul desvaído.

Te digo adiós como quien vuelve
- pisada tras pisada-
de un largo viaje y sabe que no volverá a marchar.

Tú permaneces ajeno a todo
-impávido mármol con vetas del ayer-
mientras te crecen raíces que te hacen fuerte en la demora.

Busco la unión con tu nombre
- sabes bien que lo intento-
pero me desangro con tus letras afiladas.

© Francisco Vargas, 02.09.13