31 enero 2013

Virginia Fernández, "Cicatriz"


Cicatriz

Cuando llega la noche
y la oscuridad me aprisiona
vuelven las sensaciones
desde adentro.
Como nadie me ve
las dejo salir,
ellas vagan a sus anchas,
como la lluvia de otoño
que cala el abrigo.
Son ellas
las que me atrapan,
más que todo lo demás.
La absoluta oscuridad y ellas
hacen equipo contigo
y me escuece la cicatriz.

© Virginia Fernández, 2013

29 enero 2013

Francisco Vargas, "Antípodas"


Antípodas

en las noches se suceden
paisajes de tinta nebulosa
y momentos de lucidez última

en tu piel adivino
la rotación del invierno
la rueda de los besos
que se alejan
                        que no se repiten

alargando la mano
a través de la penumbra
se llega hasta la otra parte del mundo

la noche se pliega al sueño
como un libro cerrado
mostrando las dos caras del deseo

estar aquí
                  y ser allí

© Francisco Vargas, enero-20013

26 enero 2013

Rafael Jiménez, "Cabo de Gata"





CABO DE GATA


Un parque es recinto cerrado. Cabo de Gata no es un parque ya que su verja se abre a golpe de palpitaciones. Corazón.
Impresiones. Salinas, bañeras de aves zancudas donde el fruto salino es lamido y purificado en el crisol de Hermes, sol de cada día.
He traído mi cuaderno de bitácora grabando mi caligrafía de sentimiento. Sepultura de arena. Un libro desnudo, impaciente de letras que son arrojadas, como gotas de agua, en la costra gris de la salina, donde pitas agachadas por el viento y flamencos sin duende, aunque de luengas patas, estalactitas caprichosas, moran hallando entre las raíces de la lava las ágatas mitológicas. He decidido viajar hacia lo más profundo del vacío; hacia mi locura. No soy argonauta ilustre, no cabalgo en montura alguna ni tomo un vapor. Camino solo, de pie, con el ánimo de describirme en los espacios.
Impresiones. Viento gritando el ancestral dolor de sus hijos, los pescadores, siervos de las sirenas y una tortuga marina enterrada sin dalmática ni lápida en el recoleto cementerio de cal.
He llegado al fin del mundo porque una esquina cualquiera no tiene por qué ser miliario de piedra o dar la vuelta al mapa. El primero, fue un pergamino con provincias y accidentes del camino con sabor a calcomanía y colgado en un lateral de telarañas sapientes donde niños uniformados declamaban ríos y lagos, golfos y cabos. Cabo de Gata. Desde entonces la sequedad de mi boca después de perder tus besos, me ha acompañado prometiéndome a mí mismo hallar el río Leteo en este desierto del sentimiento. Ahora, la imagen es real. Es una antigua tarjeta postal hallada, quemada por el sudor, aliñada de recuerdos y una despedida inventada. Camino por mi alma, sin descanso alguno, excitado y sediento toco la puerta de retamas, campanillas y espliego. Me abre la luz y una dulce melodía de xilofón anuncia mi presencia embargada ya por una brisa de un mar oscuro de azules. Mis pasos se acercan a la montaña aunque antes voy a sepultarme en el altar de sílice porque soy piedra telúrica, pequeño fósil atrapado y confinado en las viejas rocas vomitadas en el naciente Universo. Piedra parida por los terremotos, lances amorosos de la Tierra.
Impresiones. El camino a la sierra es ganado a través de una solitaria y ululante iglesia con torre de Babel adosada que cree entender las lenguas de las aves. Su basamento de sal y aguja rutilante desafía a las débiles y holgazanas nubes. Dicen los antiguos que fue construida por todos nosotros, bloques de sal extraídos de los pechos de la mujer de Lot. Se aleja de mi sombra, no miro hacia atrás. No es asilo sino un monumento y ofrenda a la mar ya que será tragada por el piélago al final de los tiempos.
Han pasado varias horas y sigo sudando por los poros de mi caverna interior. No se mueve nada, encuadre perfecto para mi retina en blanco y negro, a no ser por el lagarto verde y siena que finge mirarme sorprendido hace rato. Supongo que he violado su santuario o los espacios gravitatorios del bicho en su afán de descubrir la esfera armilar oculta entre las infinitas fantasías de la roca. Quiero hablarle mientras levanto mis cansados huesos aunque, me resisto a justificar mi presencia El sol está en su cenit y no he logrado llegar a la cima. Entre rocas pardas manchadas por una vegetación raquítica, saco mi cuaderno. No he escrito nada y las únicas impresiones que regalo a mis perturbados sentidos se las dedico al mar. Ahora, a medida que asciendo, mi lobreguez se alarga y contorsiona a merced de los hilos de oro, deformándose en un punto de fuga con el gigante varado en la sartén de sus pensamientos y campana etérea de viento en la lejanía.
Impresiones. Todo se hace pequeño conforme tocamos el cielo.
He llegado a casa. Teseo, hijo de Egeo, ve como éste no se lanza al mar y Penélope se ha desposado con un oscuro pretendiente. Vuelve a la mar. Vértigo de verdades y leyenda de lo que nunca fue. La caracola de Josué barrunta una sinfonía de réquiem rompiéndose la muralla hacia dentro. Corono la cima del sueño. Soy un punto geodésico aunque no figuraré en ningún portulano del corazón. Desde aquí, ágora de filósofos y virtudes teologales de los amantes naufragados, me persigno con la señal de tu cuerpo. Desde aquí, bebo tu sangre y como el pan de tu sexo. Proclamo entre gaviotas y seres celestiales, mi amor por la vida y lanzo estas cenizas gritando tu nombre.



Algún día volveremos a vernos en la arena

© Rafael Jiménez, 2013

23 enero 2013

Gideon Richardson, "Los suspiros..."



Los suspiros comienzan donde termina el puerto.
La palabra, desde la boca, cae sobre un océano,
que no refleja nada, espejo roto, ventana para ver el viento.

Un abrigo se convierte en ala y los pies pisan el horizonte.
Con las manos vacías la mirada vuela, el corazón vuela, la palabra vuela.

Suspiro, océano, espejo, horizonte, sólo las palabras riman, no el amor,
no más que un charco tembloroso a la espera de ser pisado.
Viento, ala, corazón, vuela, vuela.


© G. Richardson, 2013

21 enero 2013

Javier Irigaray, "Velocidad"


Velocidad

Atónito, el tiempo
parte el espacio.
Pero es igual,
la bala no mata.

© Javier Irigaray, 2013

15 enero 2013

Celia Gómez, "sacrificio nocturno"


sacrificio nocturno

desgarro mi pecho ante las olas nuevas
cierro los ojos ante las puertas que se abren
la sal moja mis pulmones
mis pies se abandonan a la arena

estallidos verdes y espumosos me acarician
y me adoptan
iniciándome en el profundo y oscuro arte

me venzo me rinden
contemplo mi infancia resuenan risas en la noche
no queda sangre

las sirenas y los tritones
matan mi nombre y la memoria
con bocas escamosas me arrancan mi antigua piel
ya no pertenezco a este mundo
ni al anterior

desaprendo las palabras humanas

© Celia Gómez, 2013

09 enero 2013

Virginia Fernández, "Perderse"



Perderse

Uno no puede escribir “perderse”
e irse sin más,
Uno no puede tener alma de pájaro
y no ser poeta.
Mañana ya no seremos libres,
mañana habremos perdido
nuestra libertad de aves,
mañana ya no seremos nosotros,
ni nocturnos,
ni ojos con sorpresas,
ni nada.

Y a ti te cuestan tanto las palabras
pero dijiste “perderse”
dijiste “todo”.
Comprendo el cansancio,
comprendo y escribo
a modo de ensayo,
comprendo y escribo
la palabra uni-verso
cuando quiero decir
desde el estómago.

© Virginia Fernández, 2012

05 enero 2013

Celia Gómez, "la noche del jazmín"



la noche del jazmín (v, III, 2/1/13)

seguiré a los locos hasta el abismo
al que todos hemos de asomarnos por lo menos una vez
mirando de frente y de perfil

florecemos en invierno es nuestra naturaleza

impúdicos soñadores
tenían ojos en las agujas y dientes de diamante
alargados hasta el amanecer
nadie les quería pero todos mirábamos sedientos
proyectando nuestra unión

florecer bajo el párpado tibio

sólo dios desde su cúpula y manos blancas
podía salvarnos de las amalgamas fluorescentes
horizontes rojos y nevados de miseria
la irrevocable marea profunda
sólo un dios y sus huestes parafraseando terremotos
en las pieles más receptivas

seguiré a todos los locos de pecho desgastado
y florecemos en invierno como es nuestra naturaleza
florecer en un ambiente tóxico y hostil
pétalos de jazmín bajo el párpado tibio

© Celia Gómez, 02.01.2013

02 enero 2013

Francisco Vargas, "Amanecer en un cuerpo nuevo"


Amanecer en un cuerpo nuevo

Cada año que pasa
cerramos una puerta al pasado,
una puerta diminuta que abre
la llave de la memoria.

El tiempo dice: Soy un ente continuo.
Y no le hacemos caso.

Nosotros nos empeñamos
en fragmentar el tiempo,
ponerle nombres: minuto, pronto,
pasado, abril, noviembre, jamás...

Diciembre y enero están muy cerca siempre.
Se dan la mano danzando 
alrededor del sol
y forman el círculo total,
la fantasía que llamamos año.

Hoy he mirado el cielo,
seguía inabarcable y azul como ayer.

A pesar de todo,
cada año que pasa
amanecemos en un cuerpo nuevo.

© Francisco Vargas, 01.01.2013