09 abril 2013

Javier Irigaray, "La vana muerte de Attila József"





La vana muerte de Attila József

Ahora sé que también mi muerte es vana”.
Attila József

Un poeta muerto ya no puede escribir. De
ahí la importancia de seguir vivo”.
Michel Houellebecq
El fin, al fin, Attila József,
mendigo de la belleza.
Entre el hambre y la esquizofrenia
pasó la vida entre tus sienes.

No siempre dormir descansa
ni la muerte es la suerte del suicida.
De niño robabas carbón entre las vías
de un tren que no era de vida
y comías barritas de parafina,
triste chocolatina blanca,
para huir de negros sueños
y de toda una infancia perdida.

Tú, entre soldados de plomo,
alimentado de versos,
no viste llegar a los turcos
ni a los boers en tu defensa.

Entre el hambre y la esquizofrenia,
arrodillado ante las vías.
En vez de soldados de plomo,
quizás acudió Antal Horger,
solícito, a ver tu derrota
cerca de Balatonszárszó.

Tal vez, también, acudiera
la noche en que el tren no pasó
y, además, reconociera
a aquél que ocupó tu lugar.

Tu corazón puro
no educó generaciones
en el liceo de Szeged.
Verán pasar barcos de sal
por tus ríos de cianuro,
mas no sabrán, por ti,
de Hegel o de Villon.
Ni tampoco de Arthur Koestler,
habitante de tantas guerras
y de tantas y tantas celdas.

Sentado frente al Danubio,
la vieja camisa rota
y la mirada hacia adentro,
con tu sombrero sin versos
y sin la pluma gastada,
sigues soñando poemas
que ya nunca escribirás.

No hay patria, Attila Jozsef,
nunca en la muerte vana.

© Javier Irigaray, 2013

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