30 octubre 2012

Virginia Fernández. "Ingredientes para decir adiós"



Ingredientes para decir adiós

Lanzarse hacia ese pánico,
hacia el final del amor,
agarrarse el pecho
para que los pájaros
que te habitan no salgan a volar,
no pestañear.

La lluvia no asegura nada,
lágrimas azules mezcladas
seguramente con ríos
que caminan
hacia el paisaje urbano o tal vez
mezcladas
con el vuelo de los pájaros
en días de sol.

Árboles mirándonos en silencio
así como hojas de otoño caídas en el suelo,
silencio,
tal vez miedo
un poco de soledad
y habrá llegado el momento,
sabréis sin lugar a dudas
que es el momento preciso,
irremediable de decir adiós.

© Virginia Fernández, 2012

26 octubre 2012

Celia Gómez, "como dos espíritus quiero..."



como dos espíritus quiero
correr abriendo los brazos y los árboles
en un aliento último
y decirte

no te olvido aunque te olvide

todo sigue teniendo sus colores -los mismos
que tenía cuando tú
y nada cambia

aunque cada vez atardezca más pronto
y empiece a hacer frío
y ya no esté triste como antes

el reloj me aleja poco a poco de ti
e intento que no sea verdad
que no se quede tu recuerdo vacío

porque aunque te olvide
no te olvido

© Celia Gómez, 2012

21 octubre 2012

Virginia Fernández, "Lighthouse"



Lighthouse
Pero a ti quiero mirarte 
hasta que tu rostro se aleje de mi miedo 
como un pájaro del borde
filoso de la noche.
Alejandra Pizarnik
El murmullo del escalofrío
es la luz,
¿No lo ves?
El pájaro que tiembla,
cortar la oscuridad en dos,
la angustia de perderse,
el miedo,
eso es.
No hay angustia cuando todo está en calma
pero yo estoy enferma, farero,
tengo fiebre,
todos se ahogan en la noche,
deme cobijo,
solo quiero mirarlo,
mirarlo hasta que pierda
el miedo a sus ojos,
no sentir ese frío,
buscar la luz en la oscuridad.
¿Saben ellos buscar la luz?
Dígame farero
¿Están ellos también perdidos?

© Virginia Fernández, 2012

18 octubre 2012

Javier Irigaray, "Nosotros arañábamos cristales"


Nosotros...

Nosotros arañábamos cristales,
construíamos pirámides de fuego
y sembramos semillas de deseo
en minutos de pan y chocolate.

Nadábamos ríos que sólo saben
los mapas de caminos de regreso
y nuestros pies hollaron mil cabezos
hoy ahítos de morteros y metales.

En las aceras se borró la tiza,
en las calles no hay postes de carteras,
ni corren tapaderas de bebidas

compitiendo veloces en carreras
por pequeños circuitos a medida
de rodillas cuarteadas en la arena.

© Javier Irigaray, 2012 

14 octubre 2012

Francisco Vargas, "Lunático"



Lunático

Esta noche tiene cicatrices
que quedan al descubierto
con las luces artificiales.

De la luna fluye la sabia gris
que desnuda el otoño
y enturbia las calles.

Hay ruidos lejanos
que dejan
un rastro polvoriento
de estrellas locuaces.

El viento distrae
del viejo hábito de pensar.
Te escribo un mensaje
sin querer decir nada,
te escribo camino
del otro lado del universo.

Esta noche tiene sueños
con nombres propios,
grietas por donde se cuela
el tiempo
y cicatrices
que la luna y yo compartimos.

© Francisco Vargas, 12.10.2012

12 octubre 2012

Mo Yan, Premio Nobel de Literatura 2012



"Gao Yang dejó caer la cabeza, deseando golpearse contra la pared y acabar con todo aquello. Pero le estaban sujetando con demasiada firmeza como para poder liberarse y escuchó las débiles notas de la conmovedora y a la vez monótona balada de Zhang Kou:

En el décimo año de la república
un hombre de sangre caliente apareció de la nada
para ondear la bandera roja en el Condado Paraíso
y condujo a los campesinos en una protesta contra los desmesurados
impuestos.
Los más viejos de la aldea enviaron a los soldados para que les
detuvieran,
arrestaron a Gao Dayi y le enviaron al patíbulo.
Acudió al encuentro de la muerte de forma orgullosa y desafiante,
ya que los comunistas, como las cebolletas, no pueden ser truncados.


Sintió calor en el estómago mientras sus piernas recuperaban las fuerzas. Le temblaban los labios y se sentía extrañamente motivado a gritar una consigna desafiante. Pero luego se giró, miró la brillante insignia roja que relucía en la ancha gorra del policía y volvió a bajar la cabeza, abatido por la vergüenza y el remordimiento y, dejando que los brazos cayeran inertes por delante del cuerpo, les siguió obedientemente.

Notó unos golpecitos a su espalda y se giró con esfuerzo para ver de quién se trataba: era su hija. Xinghua se dirigía hacia él, golpeando el suelo con una vara de bambú rota y desgastada que repiqueteaba contra los escalones de piedra y resonaba dolorosamente en su corazón. Hizo una mueca mientras un torrente de cálidas lágrimas emanaba de sus ojos. Estaba realmente llorando, esta vez no lo podía negar. Cuando trató de hablar, un líquido abrasador paralizó su garganta."


© Mo Yan, Las baladas del ajo, 1988 (fragmento)


Bibliografía:

  • Sorgo rojo (1987), trad.: Ana Poljak; El Aleph, Barcelona, 1992
  • Las baladas del ajo (1988), trd.: Carlos Ossés; Kailas, Madrid, 2008
  • La república del vino (1992), trd.: Cora Tiedra, Kailas, Madrid, 2010
  • Grandes pechos, amplias caderas (1996); trd.: Mariano Peyrou; Kailas, Madrid, 2007
  • Shifu, harías cualquier cosa por divertirte (1999), trd.: Cora Tiedra, Kailas, Madrid, 2011
  • La vida y la muerte me están desgastando (2006), trd.: Cora Tiedra, Kailas, Madrid, 2010
  • Rana (2011), trd.: Yifan Li, Kailas, Madrid, 2011

07 octubre 2012

Virginia Fernández, "Como hojas de árboles"



Como hojas de árboles

¿Quedaremos irremediablemente
heridos en esta ciudad
en la que sólo dan ganas de ser un pájaro
o de elevarse en la libertad del mar?
¿Quizás
perdidos?
¿Desubicados como las hojas de los árboles
cuando caen sobre el asfalto,
cuando caen sobre la humedad del otoño marítimo
de la ciudad de paredes blancas,
de edredones de invierno
y tardes a contraluz?

Dime,
¿Seremos igual que las hojas del árbol,
quizás como el sabor del mar?
¿O la fiebre?
¿Tal vez amantes,
unidos por un secreto guardado en el brillo de los ojos?

Qué triste estará la ciudad
en la ausencia de ellos,
qué solas las calles
sin sus sombras melancólicas,
niños buenos
con la inocencia perdida.

© Virginia Fernández, 2012