31 marzo 2012

Lena Carrilero, "Primavera del delito"



Primavera del delito

Suele llegar sin avisar
susurrándote olvidos al oído,
te hiela la sangre y la vuelve cristal,
si caes te rompes,
si no, te paralizarás.
Se esconde entre las mantas
al hacer que despiertes
con cuerpos sin alma,
se ríe con sus malezas
de las pocas certezas
que tiene el corazón.
Si algo bueno le salva,
será lo único y mejor:
igual que viene
se va sin despedirse,
dejando paso
a la dulce primavera,
que con un pañuelo en mano
y fingiendo un hasta pronto,
se compadece del invierno.

Pero algo tienen en común
y no lo saben,
igual que llegan sin avisar,
los dos se van 
sin despedirse,
quizás porque intuyen
que volverán
a tener la oportunidad
de decirse
adiós.

© Lena Carrilero, 2012

27 marzo 2012

Virginia Fernández, "Diario"



Diario


N
o sé si esa noche
había luna llena
pero escribí,
escribí en el diario
para no estar condenada
y así poder huir
de esa tierra extraña,
del tiempo interminable de la noche,
de los espejos,
poder encerrarme en mi misma
sin que hubiera testigos
que me vieran llorar.

Llorar todo el tiempo
que necesitara,
y no sonreír,
no sonreír al abrir las puertas,
para no estar congelada
en el mundo maltrecho,
para leer en un tranvía
y escribir
sobre todo escribir.

Para refugiarme
de las tempestades negras
de tus palabras,
escribir para dejar
de sentirme así.

Escribir
y así comprender
justo en ese momento,
justo allí en el invierno
y en la arena.
Y ahora no podré,
lo sé,
nunca más podré
leer tus poemas.           

© Virginia Fernández, 2012

25 marzo 2012

Francisca Sánchez, "Inicio"



INICIO

El Arte me apresa porque me quiere suya.
Celoso, quiso traducirme en sueños vagos
y espejismos el poder de pertenencia.
Rompió con todo, nuestros hilos trenzados,
como quien rompe a llorar.
Ahora sé que no fueron casualidades
los incansables presagios. Fueron.
Los malos augurios adquirieron
tez de realidad.

Él me arrancó del mundanal estado adquirido;
me deshizo, replegándome, arrebatándome
la máscara de humanidad
y dotándome de mi esencia melancólica
de soledad creativa.
Me devolvió a mí, pura, poeta.

© Paqui Sánchez, 2012

21 marzo 2012

"CREO EN LAS NOCHES"

"Creo en las noches."
R. M. Rilke

Creer, no creer

Creía en los alegres días.
Creía en la cálida familia.
Creía en las eternas amistades.
Creía, incluso, en el amor y en la vida efímeros.
Creía.

Ahora, sólo, 
creo en las noches amargas,
creo en la fría neblina que me envuelve,
creo en la luz de la luna,
creo en el suelo en el que pronto yaceré.

Creí en los días,
creí en las noches, 
creí, inútilmente, en Nada. 

© Santi Gómez, 2012

 
Encuentro nocturno con sonrisa irónica de fondo

Y puede ser que una fuerza enorme
se mueva cerca de mí.
Rainer María Rilke
Sin duda una fuerza enorme
revolotea dentro del dormitorio,
insomne bestia parda
camuflada de pared.

Porque la oscuridad es
la gran aliada del poeta,
el fuego de donde emerge
toda forma posible de poesía.

Si sale el sol, será a traición.

Sentado al borde de la cálida tiniebla
deposita en ella la poca luz que le queda
para después llevarse la peor de las sorpresas:
encontrarse consigo mismo.

Dos puntos. Guión. Cierra paréntesis.


© Andrés Erreeme


Liturgia de sombras
"Vigilante, háblame de la noche."
Djuna Barnes

La noche condensa las sombras,
ocupa las calles y comienza
su extraña liturgia
para transeúntes agnósticos.

Sus acólitos inician el camino
sin retorno,
el viaje hacia el centro
del abismo.

En sus altares de aire
arden los siete pecados
capitales
entre antorchas estáticas.

Displicentes nos dejamos acariciar
por las aguas del Leteo
y Cancerbero muerde
las trémulas orillas del sueño.

La luna se columpia
en el interior
de las calaveras
y sonríe desde su lejanía.

El corazón aletargado
guarda,
con el rumor de la sangre,
la vieja costumbre del vivir.

Y cuando el amanecer
disuelve las tinieblas,
la luz nos desvela
bendecidos por la noche.

© Francisco Vargas, 20.03.12


Noche
Observar el lento
paso del tiempo
en el que poco a poco la noche
va dejando paso a la luz
mientras el tiempo
avanza,
clandestino
y sin nombre,
imperfecto como nuestro destino,
así como las agujas del reloj siguen su curso,
como si fueran soldaditos de plomo,
perfectamente amaestrados
acercándose poco a poco
al precipicio.

Oh noche,
déjame acariciar tu espalda,
yo creo que así
renacerían por siempre los días,
sin pensamientos que amordazan,
sin trabas en el camino
creyendo en ellas para siempre.

Oh certezas,
dejadme sola
para morir de amor.

© Virginia Fernández, 2012


Ven

Nos debatimos entre gestos
enarbolando el lenguaje
para prometernos y abrazarnos,
para dañarnos.

Quisiera estar contigo,
quisiera ir allí andando, como dijiste,
por cada metro de noche
hasta llegar a ti,
pero se anegan las salidas de esta historia
entre cuyas paredes resuenan
nuestras voces.

Tú y yo somos lo contrario:
somos dos desconocidos que hacen
como si se conociesen muy bien.
Guárdame.
No creo en las noches si no es
con tu palabra...

No hay nada en qué creer.

¿Qué será de nosotros después?
¿Qué será de este pequeño capítulo de vida?

© Celia Gómez, 18.3.12

Día Internacional de la Poesía


Nosotros
creamos
crecemos
creemos
en la Poesía

Poetas Argáricos, 21.03.12

18 marzo 2012

David del Monte, "Relojes en la arena"


Relojes en la arena

A veces sería mejor no pensar,
pasar las horas sumido en un sueño 
en el que pasara el tiempo
sin mayor ambición
que ver pasar el tiempo.

Si no buscáramos mayores logros
que el propio momento,
si volviésemos a ser niños
que juegan con el reloj
como si fuera arena de playa

entonces los castillos serían
infinitos, paraderos donde morarían
el secreto de la vida
que tenemos entre las manos.
 
Si aprendiésemos a vivir de nuevo
quizás las cosas serían bien distintas, 
no nos sacrificaríamos tanto 
en aquello que fuese incierto,

habría ingenuidad
en las noches y en las tardes
y no nos preguntaríamos
lo que no hace falta
que tenga una respuesta. 

Entonces, tal vez, y sólo entonces
los relojes serían
tan solo figuras en la playa

       que se borran con las olas.


© David del Monte, 2012

14 marzo 2012

Francisco Vargas, "Portadora de la luz"



Portadora de la luz
La luz es la certeza de la sombra.
La sombra es la ilusión de la luz
.
Adonis
La mediatarde extiende
sus dedos de luz
y perfila con pulcritud
el cuerpo de las sombras.

En la habitación donde estoy,
a través de la ventana,
imprime reflejos en el piso del suelo
como una ola que deja
estelas de espuma.

Yo le pondría nombre
a este paréntesis de paz,
pero los días luminosos
no tienen nombre,
son apenas unas gotas de rocío
en la telaraña del tiempo.

Es la hora del bautismo
en plenitud
para ser otro,
preclaras certezas,
es tiempo de reencarnarse
en un rayo de sol.

Yo quisiera caminar
hacia donde nacen los días,
ser luz con la luz
y llamar con nombres propios
a todas las tardes que, como esta,
me hacen querer
fundirme con el cielo.

© Francisco Vargas, 12.03.12

11 marzo 2012

Rafael Jiménez, "Pozo de los Frailes"



Pozo de los Frailes

          Abrí una ventana no de madera sino de aromas y plantas raquíticas que escondían su belleza entre la lava. Contemplé el domo marino. Piedra nacida de las contracciones de la parturienta Tierra en la génesis de lo que debe ser conservado. Caldo primigenio adobado en una olla de barro barnizada con óxidos moriscos, y moldeada como tu cuerpo por dedos de palmito que se elevan hacia el azul de ánimas y tomillo. Desperté del letargo del invierno frente a los Frailes. Los volcanes, antes cíclopes, ya no juegan a modelar el paisaje en un mundo sindiós ni su oscuro magma levanta cortijos que fueron luego encalados en el sudor de la tierra yerma. Abandoné el antiguo campo de batalla entre alambradas de chumberas y bombas volcánicas. Allí de entre los antiguos surcos que fecundaron la matriz anciana se hincan ahora en el suelo los blocaos de sentimiento. Molinos de viento y norias de agua turbia y arena despiden al viajero que se ve condenado eternamente a ser anécdota de los espacios. El mañana dirá si seré un punto geodésico entre espartos y retamas. Lápida erosionada por la desidia del recuerdo donde podrás leer, en un descanso de tu camino, un epitafio de vida. Deja entonces un pequeño presente de piedra lamida por el viento y podré ser así una montaña.

© Rafa Jiménez, Pozo de los Frailes. Marzo 2012.

08 marzo 2012

Celia Gómez, "selbstmord"




selbstmord (morir de frío)

aquel día
nacimos todos juntos víctimas de nuestro solsticio
aprendimos a morir antes incluso de ver la luz del mar
pues ocurrió que ellos
nos dijeron: así
aaasi assssi asíííííííí
aprendimos a repetir lo que nos inculcaban

así

más tarde

nos esparcimos por el océano el jardín el hielo la arena el asfalto
quedamos algunos en el bosque y pronto
se abrió tu boca y luego el cielo
y se quebraron las cuerdas de los violines al escuchar tu voz
en primer plano
al fondo el silencio al fondo las pestañas
sin punto de fuga visible

y aprendimos a mirar aunque
no supimos leer

pero
nosotros
nunca creímos que se pudiera morir de amor
porque no tuvimos un diccionario
cuyas hojas usar para hacer una hoguera
ni creímos que los árboles hiciesen ruido al caer

nunca creímos en la existencia del otro
hasta que fue demasiado tarde

de este modo

ahora no puedo
alcanzar a oír esa música que está sonando tan lejos


© Celia Gómez, 07.03.12

06 marzo 2012

Virginia Fernández, "Melancolía"


Melancolía

S
onríen los solitarios
para que la melancolía
no se les note,
frío cristal,
muerte,
cómo sería despertar
con una gran esperanza
que les abrigara en el pecho,
con una sonrisa verdadera
de ojos abiertos
y libertad
pero se ahogan,
en los bares,
en sus casas.

Sonríen los melancólicos
para acallar
un sueño gris
que ronda en sus cabezas,
que está agazapado tras las escaleras
cuando llegan a casa,
cuando se sientan a tomar el sol
o a ver las hojas caer.

Acecha
la melancolía,
les acecha
de cerca,
como la sombra de un cadáver
y nunca se va.

© Virginia Fernández, 2012

03 marzo 2012

Francisco Vargas, "Presencia"


Presencia

Sin palabras,
sin desdenes,
sin dibujos de cometas en el aire
para interpretar cada tarde.

Como un mecanismo enfermo,
el tiempo
hacía crujir el aire alrededor.

Sin manos,
sin augurios,
sin estáticos balcones
donde asomarnos y partir cada noche.

Porque no sabíamos
entonar la misma canción,
el mismo amanecer sin tregua.

Sin ansiedad,
sin desorden,
sin advientos de ceniza
en que comulgar la carne...

Recuerdo
que éramos solo presencia.

© Francisco Vargas, 01.03.12