30 septiembre 2012

Santi Gómez, "Todo era tan sencillo..."



Todo era tan sencillo...

    Todo era tan sencillo... Como imaginar lo inimaginable; soñar con lo irreal; vivir lo mortal.

O al menos en eso creían nuestra princesa y su príncipe, mientras recorrían los lujosos salones de baile al ritmo creado por remendadas criaturas de algodón. Todo era tan sencillo para ellos mientras su palacio se precipitaba a través de las nubes, perdidos todos los soportes y sin escapada posible. Los gritos inundaban todos los rincones mas la música luchaba valientemente contra estos, protegiendo a los hermanos. 
Urgentes pasos desfilaban por los pasillos, arriba, abajo, a los lados, ¡Por todas partes gritos y pasos apresurados!

Pero ellos seguían bailando, jugando y riendo con sus músicos. No conocían el concepto de gravedad, nunca antes vieron un fuego abrasador lamiendo puertas y ventanas, invulnerables en su sueño. Se hizo el silencio y poco después las campanas sonaron y entró la reina con su rey, rompiendo la rica decoración con sus harapos. Los jóvenes se acercaron preguntándose qué ocurría tanto con su aspecto como con sus preocupados rostros, sin obtener más respuesta que un temblor en el salón. Y, poco después, empezó a llover... ¡Llovía en el interior! Los niños se olvidaron de los reyes y empezaron a juguetear con los charcos. Ni siquiera una serie de temblores les hizo detener sus bromas. Sólo lo logró una repentina explosión, silenciosa e invisible que acabó con todo.
Lo imaginado se deshizo, lo soñado desapareció y sobrevino la silenciosa muerte.

Los príncipes aparecieron frente a las puertas de su palacio, más níveo y bullicioso que nunca, acompañados por los reyes quienes les abrazaban. Al entrar pudieron ver que una hermosa dama les sonreía, sentada en un banco mientras limpiaba unas carmesíes tijeras. 
Y de nuevo, la música.

© Santi Gómez, 2012

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