01 mayo 2012

Rafael Jiménez, "Retrato y naturaleza muerta"



Retrato y naturaleza muerta

Eres un gusano y espiral, creas constelaciones. Desamor.
Azar de realidades fingidas en el libro de las cosas inútiles,
cristalino roto declinando miradas en la noche.
Callad a las aves después del festín de los huesos.

Temo soñar que estás despierta,
lamo el tuétano que lubrica mi culpa,
búsqueda de algo que no existió. Principio de alquimia.
Se pudren los sueños en un lecho de promesas.

Recoge el botín, despojos de mis sentimientos,
ladra a la luna mórbida de los lobos,
sangra el pecho de leche espesa y roja.
Odio y dentelladas. Expiación de la carne.

Camino entre atajos con la sombra de la duda,
Sileno eyaculando savia desde las profundidades del bosque,
alimañas en la tierra te acompañan en tu procesión.
Carro del Heno, goce de los amantes.

La existencia consistió en ahogar la vida,
locura, labra de mármoles enterrados,
poseidonia arrancada y vomitada de tu boca, oráculo.
La vigilia acerca la gaviota muerta a las olas.

Conocimiento de las horas y ciclos del silencio,
espéculo en la caverna del filósofo,
recuerdo tus ojos disecados ahora en mis bolsillos.
Hastío de la cuerda de reos.

Pessoa duerme en el café de los borrachos de sí mismos,
un gato huele las flores tiradas a la basura,
escribo mentiras para buscarte.
Deposiciones de tinta seca en esta carta de amor.

El alba se refleja en los orines de los adoquines,
las vírgenes santificaron ya la madrugada,
bolso abierto y un poema primorosamente doblado.
Amanecer envuelto y atado en periódicos.

Tiendas vacías donde venden amor,
ceniceros sucios de carmín,
saldos de verdades de ayer.
Monedas en tus ojos y boca.

Te he enclaustrado entre las hojas de un libro,
el perfume de tu sexo sigue en el índice de mi vida,
caligrafía minuciosa en renglones de saliva.
Reconoceré tus huesos en el genocidio del mañana.

Fotografía en blanco y negro sin negativo,
cámara de sueños de madera, ataúd de lamentos,
no te muevas, ya estás muerta.
Soy un loco necesario, me lo ha dicho la Sibila.

Arena modelando la Santa Faz,
sal esculpiendo tus manos de cristal,
bastidor de hilos de plata vistiendo tu cuerpo.
Ternura atrapada en la rueca.

La creación parte de cualquier dolor,
los amantes se arrojan a la pira ahora mojada,
naipes marcados por el calor de tus labios.

La Danza de la Muerte en tu tarjetero.
Abre las hoces de tus piernas,
lapiaz de dedos en tus pechos,
fotografía en blanco y negro ahora sepia.
Te has movido en la esquela.

Jardín preñado de amor,
sonidos metálicos en el pasillo de la soledad,
el trueno se acerca, humedad.
Agua que cae, resbala y entra en la sonrisa de un niño.

Se mueven los árboles cuando tu aliento los toca,
abandono del ser, formula magistral de lamentos.
Caracola sedienta de tu eco.
Llegas a la orilla cargada de mi simiente. Deseo.

¿Qué es la muerte? El recuerdo.
Existe un mañana entre los lirios y crisantemos,
descansa ahora en mis brazos.
Ya puedes moverte, te he atrapado en una película de besos.

Cierro el mar y se marchita la luz
y no estaré en la vida.
Dejé de escribir palabras en tu piel.
Silencio.

© Rafael Jiménez, 2012

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