21 marzo 2012

"CREO EN LAS NOCHES"

"Creo en las noches."
R. M. Rilke

Creer, no creer

Creía en los alegres días.
Creía en la cálida familia.
Creía en las eternas amistades.
Creía, incluso, en el amor y en la vida efímeros.
Creía.

Ahora, sólo, 
creo en las noches amargas,
creo en la fría neblina que me envuelve,
creo en la luz de la luna,
creo en el suelo en el que pronto yaceré.

Creí en los días,
creí en las noches, 
creí, inútilmente, en Nada. 

© Santi Gómez, 2012

 
Encuentro nocturno con sonrisa irónica de fondo

Y puede ser que una fuerza enorme
se mueva cerca de mí.
Rainer María Rilke
Sin duda una fuerza enorme
revolotea dentro del dormitorio,
insomne bestia parda
camuflada de pared.

Porque la oscuridad es
la gran aliada del poeta,
el fuego de donde emerge
toda forma posible de poesía.

Si sale el sol, será a traición.

Sentado al borde de la cálida tiniebla
deposita en ella la poca luz que le queda
para después llevarse la peor de las sorpresas:
encontrarse consigo mismo.

Dos puntos. Guión. Cierra paréntesis.


© Andrés Erreeme


Liturgia de sombras
"Vigilante, háblame de la noche."
Djuna Barnes

La noche condensa las sombras,
ocupa las calles y comienza
su extraña liturgia
para transeúntes agnósticos.

Sus acólitos inician el camino
sin retorno,
el viaje hacia el centro
del abismo.

En sus altares de aire
arden los siete pecados
capitales
entre antorchas estáticas.

Displicentes nos dejamos acariciar
por las aguas del Leteo
y Cancerbero muerde
las trémulas orillas del sueño.

La luna se columpia
en el interior
de las calaveras
y sonríe desde su lejanía.

El corazón aletargado
guarda,
con el rumor de la sangre,
la vieja costumbre del vivir.

Y cuando el amanecer
disuelve las tinieblas,
la luz nos desvela
bendecidos por la noche.

© Francisco Vargas, 20.03.12


Noche
Observar el lento
paso del tiempo
en el que poco a poco la noche
va dejando paso a la luz
mientras el tiempo
avanza,
clandestino
y sin nombre,
imperfecto como nuestro destino,
así como las agujas del reloj siguen su curso,
como si fueran soldaditos de plomo,
perfectamente amaestrados
acercándose poco a poco
al precipicio.

Oh noche,
déjame acariciar tu espalda,
yo creo que así
renacerían por siempre los días,
sin pensamientos que amordazan,
sin trabas en el camino
creyendo en ellas para siempre.

Oh certezas,
dejadme sola
para morir de amor.

© Virginia Fernández, 2012


Ven

Nos debatimos entre gestos
enarbolando el lenguaje
para prometernos y abrazarnos,
para dañarnos.

Quisiera estar contigo,
quisiera ir allí andando, como dijiste,
por cada metro de noche
hasta llegar a ti,
pero se anegan las salidas de esta historia
entre cuyas paredes resuenan
nuestras voces.

Tú y yo somos lo contrario:
somos dos desconocidos que hacen
como si se conociesen muy bien.
Guárdame.
No creo en las noches si no es
con tu palabra...

No hay nada en qué creer.

¿Qué será de nosotros después?
¿Qué será de este pequeño capítulo de vida?

© Celia Gómez, 18.3.12

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