27 diciembre 2012

Virginia Fernández, "La piel de la ciudad"



La piel de la ciudad

Me gustan esos cafés
en los que los amantes
sólo se miran
mientras todos avanzan
sumergidos en un mar
que está enfermo.

Miro sus caras,
ya no tienen voz,
llega la noche
mientras van a sus casas,
tristes,
en el metro.

Son sus ojos, caricias
en los huecos por los que nos colamos
mientras
abrazamos la piel de la ciudad
para no sentirnos tan solos.

© Virginia Fernández, 2012

23 diciembre 2012

Francisco Vargas, "El sur"


El sur

No te ufanes,
Aún necesitan tus campos mucho sol,
Mucha sal tus surcos.

Tu perfil sin labranza
Denuncia la desarmonía
De lo no acabado.

Aún no aflora a tu piel
El coraje de todas las razas
Que pueblan tu sangre.

Si del rocío de tu llanto
El sol copió sus destellos, de tu latir
El viento marcó su ritmo
Al atardecer.

De tu carne herida
Nació tu oficio y tu vivir.
Sólo quien ha sentido dolor sabe sentir
El gozo cuando llega.

No seas indolente ¡Despierta!
Aún no es llegada la hora de los sueños,
La hora de desadueñarse de sí.

Para ser hermosa en el sur
Aún te faltan los renuevos.
¡Renúevate a ti, siendo dueña, al fin, de ti!

Ten paciencia, bíblica paciencia.
Sin darte cuenta la luz pintará
Con la misma benignidad
Tu sombra en todas partes.

Para ser hermosa en el sur,
Sólo hace falta el milagro
De unos labios al decírtelo,
El milagro de unos ojos
En que mirarte.

© Francisco Vargas, 2012

20 diciembre 2012

Javier Irigaray, "Harry Lime y Holly Martins..."



Harry Lime y Holly Martins
a sesenta y cinco metros de la Tierra


Formas de igual estatura
se mueven. Son negras moscas
por debajo de la noria
en el Luna Park de Viena.

Arriba, en la cabina
varada en todos los tiempos,
hay dos seres que divagan
sobre una nueva moral
y miden la trascendencia,
calculan la relevancia
y el valor del movimiento
de cada puntito oscuro.

Desapareció el pasado
entero tras una nube.

© Javier Irigaray, 2012

16 diciembre 2012

Virginia Fernández, "El bosque y la lluvia"



El bosque y la lluvia
Dedicado a Batania 

Está lloviendo
y la lluvia está contaminada,
sus gotas no limpian el asfalto
ni la cara blanca
de un mimo llamado Hada.
Está el anochecer intacto
hermetizado
bajo la luz amarilla de la lamparita,
cruel como un animal encerrado.

Quisiera que no despertaras ahora
porque no estamos bajo los árboles.
Cae la lluvia gris sobre el mar,
inapreciable y enfermiza,
mientras la belleza verdadera está escondida
arrastrándote hacia vicios violáceos,
bosques nevados
y animales sin miedo.

El susurro de tu voz 
me salva esta vez,
más bien la espera ansiosa de adolescente
dibujada con letras en la cuadrícula
de la pantalla del ordenador.

Cada vez que llueve
tengo cinco años.

© Virginia Fernández, 2012

11 diciembre 2012

Francisco Vargas, "Percepción"



percepción

“Porque la vida estuvo siempre en otra parte”
Carlos Marzal
abrir y cerrar los ojos
para crear universos nuevos
y volver a abrirlos y cerrarlos,
galaxias en expansión hasta el límite de nuestra piel

contemplar las mareas,
los bosques entre la niebla, los besos,
el lejano aullido del miedo que ya no nos pertenece,
superar las líneas del cielo para descubrir nuevos cielos

sumergirse en ceniza enferma
de un volcán que será montaña
o grano de arena al final del día,
atrapar con un gesto libélulas que alivian la tarde

todo menos permanecer
ajeno al cambio, distante
del laberinto del agua, perdido minotauro
sin remisión, repetir las palabras hasta causar extrañeza

vigilante,
siempre alerta
la fría, desnuda, plena percepción

© Francisco Vargas, 11.12.12

06 diciembre 2012

DICIEMBRE



mañana de diciembre

bella mañana de diciembre
dame la respuesta del silencio
que guarda el mar,
de su cálida humedad elevándose
y subiendo hacia la bruma que une el horizonte
con el cielo,

cuéntame el secreto del vuelo de sus ojos
que me atrapan
y me hacen estallar en sollozos
de alegría
o de milagro
y ese silencio que se adentra
en la arena
y en la claridad
a la que no se acostumbran mis ojos

porque ahí voy yo tan descalza
y desnuda,
tan libre y desprotegida
en mi timidez

© Virginia Fernández, 2012



memoria del frío

diciembre detiene el tiempo
congela las pupilas
imprime un aire estático
como de bajorrelieve
como de cielo de postal
en el devenir de las horas

busco calor en ese otro yo
bajo la memoria de lejanos veranos
busco arroparme
en la insignificancia de los días
ajeno a la arrogancia
de lo trascendente

muchas veces he jugado
este juego
y he perdido

muchas veces he luchado
por alcanzar
la otra orilla

la memoria del frío
es la escarcha
de mi derrota

© Francisco Vargas, 06.12.12

02 diciembre 2012

Celia Gómez, "La diagonal"


la diagonal

nunca llega mi palabra a la piel sanguinolenta
nunca baten las aves sus colmillos de un cuello leve
blanco delirio
nunca llega la palabra, yamamomo y dos velas
para abrigos soñados en mares que no queremos
pues hace frío y llovían ayer ríos por la acera
y no duermen los gatos en la acera si llueve
y duele el magma en los ojos ópalos
y claro ante los espejos somos diferentes
suena música de ascensor no te preocupes
me preocuparé, pagar el ritmo con un baile
morder otra vez
pero nunca llega la diagonal a ser cero
nunca se extingue, ojeras brillantes, dualidad
algunos acarrean barcas a sus espaldas
para sobrevivir al mar
aun así el árbol negro sigue en su sitio y las lentes
volaron

© Celia Gómez, 2012

29 noviembre 2012

Premio Cervantes 2012: Jose Manuel Caballero Bonald


La botella vacía se parece a mi alma

Solícito el silencio se desliza
por la mesa nocturna,
rebasa el irrisorio contenido del vaso.
No beberé ya más hasta tan tarde.
Otra vez soy el tiempo que me queda.
Detrás de la penumbra
yace un cuerpo desnudo
y hay un chorro de música insidiosa
disgregando las burbujas del vidrio.
Tan distante como mi juventud ,
pernocta entre los muebles el amorfo,
el tenaz y oxidado material del deseo.
Qué aviso más penúltimo
amagando en las puertas,
los grifos, las cortinas.
Qué terror de repente de los timbres.
La botella vacía se parece a mi alma.
Por las ventanas, por los ojos
de cerraduras y raíces,
por orificios y rendijas
y por debajo de las puertas,
entra la noche.


© Jose Manuel Caballero Bonald

28 noviembre 2012

Virginia Fernández, "Mañana luminosa"



Mañana luminosa

Una voz me dice
no,
no lo escribas,
no es el momento,
la cortina de luz
y la cicatriz abierta,
las azoteas llenas de antenas
y de pájaros grises.

No es el momento
a pesar de la mañana luminosa
del mes de noviembre,
a pesar de tu cuerpo desnudo
con sabor a manzanas.

© Virginia Fernández, 2012

25 noviembre 2012

Francisco Vargas, "Otra vez"



Otra vez

No quiero cansarte
con la misma historia de siempre.
Solo pretendo que el ahora sea
más y más transparente.

He venido a recuperar
el cielo marchito
de los días que no dejan rastro.

He venido
para volver a ser
el niño que todo lo deseaba.

Para ver germinar
todo ese deseo en mis manos.

En esta ciudad
es pequeño el horizonte
y las nubes pasan sin dejar arcoiris.

Yo quería ser grande y libre
como un caballo con alas,
como un campo donde se abriesen
las semillas eternamente.

Aquí me ves, otra vez.

He venido a quedarme
mirando la noche,
contando las estrellas,
pintando amaneceres nuevos
a los días que no dejan rastro.

© Francisco Vargas, 25.11.12

22 noviembre 2012

Celia Gómez, "En el segundo día"


En el segundo día


¡ahh, los sueños, los sueños!

soñé paisajes dilatados hasta su máxima expresión 
y ahora está 
mi pecho aplastado bajo el maullido incesante de la noche
los gatos verdes pulsando la herida 

las mañanas son desolados paseos en colores livianos
livianos como sus pasos como sus manos como sus labios
como su piel 
blanca como la droga y ojos oscuros
mar revuelto y nublado: tormenta
que me consume que no puede consumirme

¡ahh, los sueños, los sueños!

busco algo
el qué o a quién me pregunto
e investigo mi propia confusión


© Celia Gómez, 2012

18 noviembre 2012

Virginia Fernández, "Lovebirds"



Lovebirds

Todo ocurre como debe ocurrir,
oscuro y diáfano,
aproximándose al anochecer.
El corazón del pájaro
latiendo debajo de la piel,
desgarrando el pecho
volando debajo de las costillas.

Tengo alas debajo de mi pecho,
alas que vuelan por la noche
y se posan en las cicatrices de los niños
o en las hojas de otoño sobre el asfalto.

© Virginia Fernández, 2012

14 noviembre 2012

Francisco Vargas, "Campo de Agramante"



Campo de Agramante
"A batallas de amor campo de plumas."
Góngora

Dígame usted
por qué o por qué no
he de objetar las evidencias
de este encuentro fortuito nuestro.

Si es o no es
día de eclipse o corrupción,
eso será más allá de nuestros pequeños
bienestares cotidianos.

No apostaré jamás todo o nada
al número que me sugieren
sus pestañas, ni invocaré
nombres de dioses caídos en olvido.

Que quizás y tal vez es suficiente,
debería bastarle.
Que cada noche que pronuncie su nombre
debería ser el campo de batalla
donde recoja las plumas de nuestro amor.

© Francisco Vargas, 12.11.12

11 noviembre 2012

David del Monte, "¿Y tú?"


¿Y TÚ?


  ¿Y tú,
que recogiste el polvo que llevaba el viento
que caíste vencido allí donde se abría el cielo abierto
que sudaste, dispuesto, a continuar las fatigas que dejaron otros
que viviste por siempre pensando en el entonces, en el aquel
en el por qué, en el cómo pudo ser
en la dicha y en la desdicha del retorno de su sombra
que pudiste ser pero no fuiste, que quisiste, pero no llegaste
que lloraste y también reíste
pero se te olvidó el cómo, las huellas
que te llevaron al camino

 soñaste alguna vez
que lograrías llegar
allí donde tú quisiste,
donde esbozaste tu mirada,
donde reír hasta el fin de las carcajadas,
donde pensabas, que una vez llegado,
dejarías de andar,
establecerías un muro, y después otro,
cuatro paredes donde levantar un techo
para poder al fin decir, aquí me quedo
y dejar de buscar un más allá?

  ¿Y tú,
que te preguntabas cuando caía la noche
y resucitaba el alma,
que navegabas por donde las luces se perdían
del callejero del hombre y de la mujer,
del sexo y del fruto, de la maldad y del bienestar,
del éxtasis de la felicidad;

 lograste vencer al miedo
del tiempo que pasa,
de la nada que se aproxima,
del polvo del viento
que una vez recogiste
y que no llegó a germinar?

  ¿Conseguiste cerrar alguna vez alguna pregunta
cuando salías fuera buscando la solución
aún sabiendo que no se encontraba allí
pero con tal de olvidarlo todo por un rato?

¿Y tú? ¿Y yo?
  ¿Y él?
    ¿Y nosotros,
que vivimos a la sombra de la luz que proyectaste,
en la esencia que una vez trajiste al mundo;
sobreviviremos al día en que no recuerdes aquella noche
en la que te inventaste?
¿Cuándo volverá el sonido de aquella vieja canción?
¿Cuándo volverás a hacer historia
y a aparecer antes nuestros ojos
para que vuelvan los sueños
y las quimeras,
 en este mundo tan necesitado
de rostros, voz,
   espíritu,
 dudas e incertidumbre,
      luces
   como las tuyas?

Y que volvamos a construir                          
todo bajo la sospecha                          
del que no se cree ni su propio nombre.                          
Pilares que soporten una vez el peso del mundo                          


© David del Monte, septiembre 2012.

07 noviembre 2012

Mario Sampedro, "Cae la noche"



CAE LA NOCHE (Y LLEGA EL FRÍO)

Escribiré una metáfora:
sobre sus ojos, sobre el cielo, sobre la tierra,
sobre las gaviotas que pescan en alta mar,
sobre los ancianos, observadores infantiles.

Escribiré una metáfora:
sobre la lluvia que cae sobre el cristal,
sobre el amor que desprende el rocanrol,
sobre el amor que desprende su Sonrisa.

Escribiré una metáfora:
sobre la primavera que deslumbra,
sobre la belleza de todas las flores;
cuando los lirios brillan como el sol,
cuando roban su parte de protagonismo.

Escribiré una metáfora,
pero, seguramente,
resultará otra cosa diferente.

Escribiré una metáfora: sobre la vida.
Aunque quizá la vida
sea en sí misma la metáfora
que a lo largo de nuestro tiempo,
del correr de las estaciones
esquivando a la señora de la hoz,
nos toque conocer, nos toque saber
a qué se estaba refiriendo el celestial poeta
con la más compleja de sus metáforas:
la vida.

Escribiré una metáfora,
pero, seguramente,
resultará otra cosa diferente.

© Mario Sampedro, 2012

04 noviembre 2012

Estefanía Martín, "Letra de mis suspiros"



Letra de mis suspiros

Zapatos que acarician calles
colmadas de magia y de ilusión.
Secretos escondidos en los libros.
Pueden ser compartidos si quieres: Léelos si te apetece.
Léeme en mi silencio.

Quizá no te interesa,
pero ayer supe que las tortugas
fueron significativas en la Francia
del Siglo XIX.
Mi ventana deja ver un paisaje ansiado.

El jardín de Calixto y Melibea
cuida y guarda muchas madrugadas
de pensamientos a voces.
De confesiones mutuas
entre los dos.

Hay zapatos que actúan sobre los escenarios
de la vida. Algunos, caracterizados
por lo verosímil.
Siempre alguna voz te mima desde
las alturas.

Cálla(te) y bésa(me) en el silencio.

Pd: Para quien sabe leer (entre líneas) 
la letra de mis suspiros.

© Estefanía Martín, Salamanca 2012

01 noviembre 2012

Santi Gómez, "Miradas"



Miradas

Bajas de las áridas montañas,
serpenteas por el antiguo río.
Un árbol, dos árboles, edificios.
Coches, mariposas, comida basura.
Ojos verdes.
Bajas de las áridas montañas,
serpenteas por el antiguo río.
Un árbol, dos árboles, edificios.
Coches, mariposas, comida basura.
Ojos castaños.
Miradas desconocidas,
fugaces,
huidizas.
Las vías, toblerone, niños.
Una redonda, otra redonda, palmeras.
Una sirena bailando con las olas.
Otro río, el horizonte infinito.
Ojos azules.

Las vías, toblerone, niños.
Una redonda, otra redonda, palmeras.
Una sirena bailando con las olas.
Otro río, el horizonte infinito.
Ojos castaños.
Miradas.
Y piensas:
¿qué sueñan?

© Santi Gómez, 2012

30 octubre 2012

Virginia Fernández. "Ingredientes para decir adiós"



Ingredientes para decir adiós

Lanzarse hacia ese pánico,
hacia el final del amor,
agarrarse el pecho
para que los pájaros
que te habitan no salgan a volar,
no pestañear.

La lluvia no asegura nada,
lágrimas azules mezcladas
seguramente con ríos
que caminan
hacia el paisaje urbano o tal vez
mezcladas
con el vuelo de los pájaros
en días de sol.

Árboles mirándonos en silencio
así como hojas de otoño caídas en el suelo,
silencio,
tal vez miedo
un poco de soledad
y habrá llegado el momento,
sabréis sin lugar a dudas
que es el momento preciso,
irremediable de decir adiós.

© Virginia Fernández, 2012

26 octubre 2012

Celia Gómez, "como dos espíritus quiero..."



como dos espíritus quiero
correr abriendo los brazos y los árboles
en un aliento último
y decirte

no te olvido aunque te olvide

todo sigue teniendo sus colores -los mismos
que tenía cuando tú
y nada cambia

aunque cada vez atardezca más pronto
y empiece a hacer frío
y ya no esté triste como antes

el reloj me aleja poco a poco de ti
e intento que no sea verdad
que no se quede tu recuerdo vacío

porque aunque te olvide
no te olvido

© Celia Gómez, 2012

21 octubre 2012

Virginia Fernández, "Lighthouse"



Lighthouse
Pero a ti quiero mirarte 
hasta que tu rostro se aleje de mi miedo 
como un pájaro del borde
filoso de la noche.
Alejandra Pizarnik
El murmullo del escalofrío
es la luz,
¿No lo ves?
El pájaro que tiembla,
cortar la oscuridad en dos,
la angustia de perderse,
el miedo,
eso es.
No hay angustia cuando todo está en calma
pero yo estoy enferma, farero,
tengo fiebre,
todos se ahogan en la noche,
deme cobijo,
solo quiero mirarlo,
mirarlo hasta que pierda
el miedo a sus ojos,
no sentir ese frío,
buscar la luz en la oscuridad.
¿Saben ellos buscar la luz?
Dígame farero
¿Están ellos también perdidos?

© Virginia Fernández, 2012

18 octubre 2012

Javier Irigaray, "Nosotros arañábamos cristales"


Nosotros...

Nosotros arañábamos cristales,
construíamos pirámides de fuego
y sembramos semillas de deseo
en minutos de pan y chocolate.

Nadábamos ríos que sólo saben
los mapas de caminos de regreso
y nuestros pies hollaron mil cabezos
hoy ahítos de morteros y metales.

En las aceras se borró la tiza,
en las calles no hay postes de carteras,
ni corren tapaderas de bebidas

compitiendo veloces en carreras
por pequeños circuitos a medida
de rodillas cuarteadas en la arena.

© Javier Irigaray, 2012 

14 octubre 2012

Francisco Vargas, "Lunático"



Lunático

Esta noche tiene cicatrices
que quedan al descubierto
con las luces artificiales.

De la luna fluye la sabia gris
que desnuda el otoño
y enturbia las calles.

Hay ruidos lejanos
que dejan
un rastro polvoriento
de estrellas locuaces.

El viento distrae
del viejo hábito de pensar.
Te escribo un mensaje
sin querer decir nada,
te escribo camino
del otro lado del universo.

Esta noche tiene sueños
con nombres propios,
grietas por donde se cuela
el tiempo
y cicatrices
que la luna y yo compartimos.

© Francisco Vargas, 12.10.2012

12 octubre 2012

Mo Yan, Premio Nobel de Literatura 2012



"Gao Yang dejó caer la cabeza, deseando golpearse contra la pared y acabar con todo aquello. Pero le estaban sujetando con demasiada firmeza como para poder liberarse y escuchó las débiles notas de la conmovedora y a la vez monótona balada de Zhang Kou:

En el décimo año de la república
un hombre de sangre caliente apareció de la nada
para ondear la bandera roja en el Condado Paraíso
y condujo a los campesinos en una protesta contra los desmesurados
impuestos.
Los más viejos de la aldea enviaron a los soldados para que les
detuvieran,
arrestaron a Gao Dayi y le enviaron al patíbulo.
Acudió al encuentro de la muerte de forma orgullosa y desafiante,
ya que los comunistas, como las cebolletas, no pueden ser truncados.


Sintió calor en el estómago mientras sus piernas recuperaban las fuerzas. Le temblaban los labios y se sentía extrañamente motivado a gritar una consigna desafiante. Pero luego se giró, miró la brillante insignia roja que relucía en la ancha gorra del policía y volvió a bajar la cabeza, abatido por la vergüenza y el remordimiento y, dejando que los brazos cayeran inertes por delante del cuerpo, les siguió obedientemente.

Notó unos golpecitos a su espalda y se giró con esfuerzo para ver de quién se trataba: era su hija. Xinghua se dirigía hacia él, golpeando el suelo con una vara de bambú rota y desgastada que repiqueteaba contra los escalones de piedra y resonaba dolorosamente en su corazón. Hizo una mueca mientras un torrente de cálidas lágrimas emanaba de sus ojos. Estaba realmente llorando, esta vez no lo podía negar. Cuando trató de hablar, un líquido abrasador paralizó su garganta."


© Mo Yan, Las baladas del ajo, 1988 (fragmento)


Bibliografía:

  • Sorgo rojo (1987), trad.: Ana Poljak; El Aleph, Barcelona, 1992
  • Las baladas del ajo (1988), trd.: Carlos Ossés; Kailas, Madrid, 2008
  • La república del vino (1992), trd.: Cora Tiedra, Kailas, Madrid, 2010
  • Grandes pechos, amplias caderas (1996); trd.: Mariano Peyrou; Kailas, Madrid, 2007
  • Shifu, harías cualquier cosa por divertirte (1999), trd.: Cora Tiedra, Kailas, Madrid, 2011
  • La vida y la muerte me están desgastando (2006), trd.: Cora Tiedra, Kailas, Madrid, 2010
  • Rana (2011), trd.: Yifan Li, Kailas, Madrid, 2011