12 diciembre 2011

Francisco Vargas, "Paisajes después de la batalla"



Paisajes 
después de la batalla


Beirut

Hay una calle en Beirut
donde una muchacha
ya no se asoma a la ventana.
Antes solía asomarse
con el pelo recién lavado,
con ojos brillantes
y un ligero rubor dorado.

Cuando todo era como antes.

Mientras caía la tarde
sus ojos se esforzaban
leyendo un libro en francés
que compró hace mucho tiempo,
cuando podía permitirse leer libros
y contemplar puestas de sol.

Antes de que el rayo de la metralla
incendiara la ventana
en la que solía asomarse
en una calle de Beirut.

*   *   *


II 
Et in Arcadia Ego 
(Escenas de Bagdad liberado)

Los minaretes de Bagdad se yerguen
contra un cielo crepuscular,
-es momento de oración,
no se puede perturbar la voz de Alá-,
y en sus cúpulas se reflejan
la sombras de los aviones que mandaron
los libertadores del otro lado del mundo.

Del cielo puede venir,
ya todos lo sabemos,
mil años de paz o mil años de infierno.

La guerra iba en serio,
- ¿qué duda cabe?-
si no que le pregunten a las viudas,
a los niños con piernas y brazos amputados,
a los jóvenes cuya memoria
ya solo es un retrato con un lazo negro.

Antes y después
les prometieron el paraíso,
antes o después de ser mártires o prisioneros
o sombras que van y vienen
en una callejuela sin valor estratégico
pero que voló por los aires
por designios aún no conocidos.

Los pueblos vencidos
son como pájaros caídos en tierra;
su carne será el abono
con el que crecerán las alas
de una nueva generación.

Y ahora,
¿quién podrá decir en Bagdad
yo también he vivido en Arcadia?

*   *   *



III 
Chronotopia (Rostros de Kabul)

Un hombre de cuerpo enjuto
se pasea por las ruinas con su mercancía de globos,
-prohibidos en tiempos de los talibán-.
Su rostro de ayer, su mercancía de hoy,
configuran un extraño paisaje
en el rastro cansado
que va dejando entre ruinas
y casquillos de bala amontonados.

El pastor, la niña de la cara sucia
que va a por agua a la fuente,
el escritor de cartas, 
el pulidor de pucheros,
la mujer que cocina y calla y pare y calla,
todos los rostros de Kabul que no tienen nombre
          ni pasarán a la historia
ni serán primeras páginas en los diarios
          ni sabrán jamás explicar
por qué Kabul es toda huesos y heridas
y edificios derruidos, palmeras entre muros
          de grandes palacios.

Antes que el tiempo y la arena
borre tantas cicatrices,
antes que el metal de las ametralladoras
y los obuses se oxide y no se aprecie
ya dónde y por quién fueron construidos
              y pagados,
antes de que todo parezca
que vuelve a la normalidad,
yo quisiera ponerles nombre
a todos los rostros
en los que aún hay paisajes vivos
            en Kabul.

© Francisco Vargas, 12.12.11

Imágenes tomadas a partir de la exposición fotográfica de Simon Norfolk: "Genocidio, Paisaje, Memoria" 
(Almería, Centro Andaluz de la Fotografía, diciembre, 2011) 

5 comentarios:

  1. La sinrazón de la guerra. Que sucede aquí y ahora. Que no son historias, no son otras de tantas imágenes. Y sin embargo, esta noche dormiremos, apenas sin sombras,..
    Te felicito por esta entrada, donde la palabra y la imagen dan testimonio.

    Un abrazo.

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  2. Lástima tener que escribir poemas como estos. Pero un deber de todo aquel que se considere un ser humano. Enhorabuena, Francisco.

    Abrazos.

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  3. Bonito y triste, EJ,


    "Hay una calle en Beirut
    donde una muchacha
    ya no se asoma a la ventana...
    "
    Paisaje_memoria
    besos

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  4. Magnifica denuncia desde el corazón que no mira hacia otro lado.
    ¿Deberian contarnos las noticias de guerra de esta forma para que tomásemos conciencia de este atroz sufrimiento?

    Enhorabuena Francisco.

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  5. Son preciosos los tres y muy tristes...

    "antes de que todo parezca
    que vuelve a la normalidad,
    yo quisiera ponerles nombre
    a todos los rostros
    en los que aún hay paisajes vivos
    en Kabul."

    Saludos

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