09 febrero 2011

ESTAMPAS DE CIUDAD

Primera estampa. 

ALMERÍA CENTRO

El atardecer se retira
asustado por las luces eléctricas,
pintando sombras en las paredes,
dando forma a grafitis de humo,
dejando constancia de su arte callejero
capaz de hipnotizar a noctámbulos
y búhos de vigilante mirada.

En la plaza del Ayuntamiento, siempre en obras,
han alzado telones que imitan
la fachada original con impoluta perfección
y la esconden
mostrando las líneas marcadas de un ideal.

Una columna de corazones surtidos
en forma de eslogan
invita al visitante a degustar
los tópicos de la tierra: mar, alcazaba, naturaleza,
tapas, sol... Y nada.

El centro de esta ciudad tiene
rumores perdidos de la lengua de Alá,
el gesto de un bostezo y el escudo de armas
de un castellano que llegó
hasta donde pone límites la mar.

Ajena a la historia, soberana de su presente,
una joven deambula
sin dirección exacta,
y sus pisadas se alojan
en la soledad empedrada de la calle Cervantes.

© Francisco Vargas, 12.enero.2011

Segunda estampa.


EN EL PASEO DE LOS TRISTES (GRANADA)

En el paseo de los tristes
hay una mano que se aleja en un otoño alargado
que consume la primavera.

Una paloma blanca vuela bajo
cansada de mensajes de paz y de ser símbolo de la esperanza,
se deja llevar melancólica, dada por vencida.

Los sapos no buscan más libélulas
que echarse a la boca
y eructan llenas de desidia
los suspiros que llenan un pecho hinchado
de quereres perdidos y vasos medio vacíos.

En la vereda, el pato gime ahogado,
afónico, tosiendo al pedazo de periódico
que anuncia que este año los cerezos
no vestirán más de blanco las bodas.

Entre tanto, unos gusanos agarrados
a un muro mohoso empedrado
junto a las lágrimas tendidas del río Darro
montan fortín en su crisálida
encerrándose ante ese mundo del que le han hablado,
sin querer ser mariposa.

En el paseo de los tristes
hay un invierno que puede con todo
en el que los reptiles 
parecen lagrimar en un pestañeo.
La lagartija huye, dejando de ser estatua,
ante su paso agachado.

Y a un lado,
unas paredes encaladas
que pierden al visitante,
muestran entre sus recovecos
un alto de loma moldeado con arcilla
que ve pasar otra alma mísera,
consumida por una vida desatendida,
en otro paseo triste.

En el paseo de los tristes. 

© David del Monte, 29 enero 2011.

Tercera estampa

Asomada a una calle (Almería)

“Una frontera invisible separa el barrio del resto de la ciudad 
y a uno le gana la impresión de violar algo, 
como de irrumpir en terreno prohibido…” 
Juan Goytisolo. La Chanca (Almería). 1962.


Las calles de esta ciudad
no me hablan de algo intrascendental,
ni siquiera comentan por casualidad
cómo se caen los colores como de una postal
cuando llega el otoño.

El café de la esquina de mi casa
barre de nostalgias la Avenida de Cabo de Gata
que se llena de hojas en blanco que no saben
cómo explicar
y unos ojos lacrimosos se lamen las heridas.

Una frontera invisible se empieza a levantar
en esa línea imaginaria de la calle,
justo en la esquina,
separando dos barrios
en los que hay gritos que nadie oye.

Las calles de esta ciudad son paisajes
a contraluz que se entremezclan con una música
lejana,
y yo aquí como testigo anónimo de su lenguaje observo.

© Virginia Fernández, 08.02.11

2 comentarios:

  1. Las ciudades son siempre motivo de reflexión poética. Me gusta ver agrupadas aquí estas tres bellas muestras de poesía urbana.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  2. Hago mías las tres estampas. Aunque mis ojos retienen siempre las imagenes de la naturaleza, mi espíritu es urbano, y hoy nos traes esta semblanza de ciudades que los dos conocemos y amamos.
    Hoy tocas fibras muy profundas de mis vivencias. Es que te agradezco la emoción que tus versos me han deparado con su lectura.
    Muy hermosos poemas. Diría más: preciosos.

    Un abrazo, amigo.

    ResponderEliminar

Nos interesa tu opinión.