31 octubre 2010

Día del Poeta Virtual


         Gracias a la red de poetas conocida como La Revista de Marcela 
por otorgarme el primer premio en el 
I Concurso de eslogan dedicado al día del poeta virtual.

         Un enorme abrazo a todos los poetas virtuales que pueblan Internet.

A todos ellos dedico este humilde poema:

EL POETA VIRTUAL

Para el poeta virtual todo el universo es un solo verso
y explora en el infinito
las mil combinaciones de una lengua impregnada
de antiguos aires edénicos.
Deja palabras que fluyen en la red de promesas
de una modernidad que ya no es un mito
y esas palabras navegan conquistando nuevos territorios
sin límite, manos nuevas para la causa,
desconocidos perfiles lejanos que leen y asienten.

En el ciberespacio crea y recrea la promesa
de una lengua única y de un solo sentir.
Porque la poesía está en todo y en todos
y renace en cada amanecer de la pupila
y resiste los embates del tiempo y los naufragios de los sueños rotos.
Porque la voz de los hombres es patrimonio universal
cuando esa voz trae sones, cantares y versos
que han nacido en la entraña viva de un corazón alerta.

La poesía vive en la rosa de los vientos
y no puede permanecer prisionera en piedra, papiro,
pergamino, papel u olvido. La poesía necesita nuevos aires
donde respirar.

El poeta virtual siembra su lírica cosecha,
esperando recoger silenciosos frutos,
esperando verla florecer
algún día,
aquí o allá,
donde el hambre de poesía sea más ávida.

Por eso el poeta virtual es un poeta universal.

© Francisco Vargas. 17, octubre, 2010


28 octubre 2010

Francisco Vargas, "No one knows..."




No One Knows About Persian Cats”
(Homenaje a la película, grito contra la censura.)


      Nadie sabe nada de días perdidos
en el absoluto abuso del poder ajeno,
de noches arañadas mirando con ojos de gato persa
más allá de la realidad presente, realidad acotada,
marginada, encerrada entre fronteras
que solo respetan la ley de unos pocos.

      Nadie sabe que una balada rock puede provocar incendios
incandescentes cuyo humo se eleva
entre diapasones infinitos
y hacen temblar el deseo que sacude
cuerpos juveniles añorando un mundo mejor.

      A veces uno quisiera estar lejos, muy lejos de aquí,
despertar en Londres cada mañana sabiendo
que la noche te pertenece, que tu voz te pertenece,
que nadie tachará una sola palabra sobre el pentagrama
ni pedirá tu documentación con voz expeditiva
en nombre de rancias consignas.

     ¿Has visto la tristeza lasciva de los gatos encerrados,
prisioneros de su instinto,
que se lamen su desesperación de juguete abandonado
y que añoran la vida tras el cristal empañado
de una ventana en días de lluvia?

     ¿Te has podido sentir así alguna vez?

© Francisco Vargas. 27.10.10

 Imágenes de la película No one knows about persian cats (2009) , del director iraní  Bahman Ghobadi.

23 octubre 2010

Virginia Fernández, "Esa muchacha de azul"



Esa muchacha de azul

M
e resulta difícil adivinarla,
esa muchacha de azul,
que me mira con ojos impasibles
desde la barra de un bar,
está a unos pasos de mí
y sin embargo la intuyo
a miles de años luz.

Esa muchacha de azul
susceptible a las miradas ajenas
y a los ojos de gato,
bebe en silencio y me mira,
difícil saber lo que opina sobre la crisis global,
sobre la capa de ozono, o algún tema social
tan apto para conversaciones de actualidad.

Es complicado saberla,
conocer sus pensamientos, 
sus desilusiones.

Esta muchacha de azul
tan exótica y racial,
en un local poco iluminado,
con sus ojos asustadizos y frágiles
observa,
mientras afuera caen tristes gotas contra el asfalto,
mientras una pared decorada con un stencil
ríe con sus lentas lágrimas.

Esta muchacha de azul,
de óleo sobre noche estrellada,
me sumerge con sus ansias
de destino de barra de bar,
mientras esas tristes gotas de lluvia
caen lentas sobre esta noche
que no quiere aprender a mirar.

© Virginia Fernández “Esa muchacha de azul”. 2010.

21 octubre 2010

Virginia Fernández, "Óleo sobre noche estampada"


Óleo sobre noche estampada

M
e quedé sin palabras esta vez
cuando intuí su sonrisa en mi espalda
cuando lo supe cercano,
con sus ojos de mirar y sus manos.

Me abandoné allí a aquel destino sin palabras
cuando lo supe a unos metros
y sin mirar lo intuí cayendo en mi destino
como un gato que me mira y se queda sin explicar.
El otoño trajo el silencio, las risas de guardar.

Me sorprendí por la calle ante un Banksy y sus ventanales,
con estruendos musicales queriendo llegar al sol
y poesías hechas de ensayos de los bustos de Eón.

Y amanecí enredada en sus manos,
sus manos torpes que no sabían ni querían preguntar.
 

© Virginia Fernández “ Óleo sobre noche estampada”
 
 

19 octubre 2010

Virginia Fernández, "Estados de ánimo"



Estados de ánimo


E
stoy sufriendo el mismo accidente
de la impersonalidad de la tarde,
del asfalto color oscuro,
de un susurro anónimo de cartón
y espera en los tejados.

Me descubro propensa a la melancolía,
agravada con el claxon de los coches,
calles llenas de paraguas
y rostros anónimos embutidos en soledad.

Estoy en esta guerra fría sin palabras,
en un mundo de papel,
con síes en la boca
y miradas desde esta torre llamada Babel.

© Virginia Fernández “Estados de ánimo”. 2010

14 octubre 2010

Francisco Vargas, "Otoño, tiempo de nostalgias maduras"


"L’hiver, saison de l’art serein, l’hiver lucide..."
 Stéphane Mallarmé

     Serenidad y brisa pausada,
sin el vértigo estridente y deslumbrador
del gran sol verano.
Otoño, tiempo de nostalgias maduras...

Preludiando la estación del arte sereno
los árboles se desnudan ante los ojos entornados
de los poetas.
Paisaje de mar y cielo, hermanos, hoy, en lo azul,
y el pájaro aquel del poniente
que nunca repite rama, amor o arroyo.
Se oye la letanía de las olas a lo lejos.
Va la mente de lo enorme a lo minúsculo,
de lo efímero a lo cotidiano insalvable,
balanceando de un momento a otro,
de aquel misterio a esta certeza.

En el aire frío de la tarde
voces y ladridos cristalizan y las risas infantiles
quedan suspendidas en el camino.
Desaparecen los ancianos
de las, ya apenas tibias, aceras.

Una quietud hecha de sueños líquidos
cae sobre los tejados hasta la tierra.
Se hacen necesarias las luces eléctricas,
inevitables las horas frente al resplandor
mecánico de las pantallas.

Afuera queda un silencio cósmico
como un bostezo ahogado.


© Francisco Vargas. 2010

07 octubre 2010

Celia Gómez, "Lo mismo"


        ¿Recuerdas? Dejé olvidado mi corazón
en un cuándo y quizá un dónde,
pasillo de octubre,
laberinto.

Olvidé su constante tic-tac
y su respiración,
engañando a la anatomía de un reloj,
trastornando la mecánica de la realidad
aun a riesgo de perderlo todo.

Y miré alrededor como si el tiempo
no existiera,
fruncí el ceño como si fuera un espejismo,
bajé escaleras como si de un sueño
se tratase,
me perdí como se pierde un camino
y deseé un final feliz
como si fuera un cuento.

Mas no por ello sé la distancia exacta
a la Luna,
que acuna noches sin estrellas.
¿Acaso pudiera un hecho, una fecha,
causar esta brecha o fisura
en medio de un esquema inexacto?

Pues es extraño despertar pensando
que el tiempo no existe,
que es tan sólo una ilusión,
y que las nubes permanecen
encadenadas a la tierra.
Eslabones de lógica y razón...
 
Y cerrar los ojos pensando en ti,
otra vez más,
como si en tu ausencia
el mundo se hundiera
y nada tuviera sentido.

Pero me es imposible olvidarte.
Intento buscar una solución
o al menos una explicación...
Es en vano.
 
¿Por qué tú?

© Celia Gómez. 2010

04 octubre 2010

Francisco Vargas, "Preocupaciones gramaticales"



Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!
Pedro Salinas
Preocupaciones gramaticales
 
     Caminas entre verbos transitivos hacia ninguna parte,
vas con prisas perdiendo en el metro
complementos predicativos de última hora.
Arrugas el ceño ante las oraciones subordinadas
que se obstinan en perseguirte entre torrentes de conjunciones,
suspiras entre sinónimos e hiperónimos.

Te viertes en adverbios lentamente
o miras con mirada fugaz de preposición.
Revelas hermosos sintagmas adjetivales
con tu presencia y lamentas la incoherencia textual
de tu presente.

Acumulas sustantivos que quieren nombrarlo todo,
incluso lo que no debería tener nombre.
Arrojas sin parar, como cigarrillos consumidos,
los infinitivos, los gerundios y los tiempos compuestos,
y en un momento de tranquilidad
adoptas postura de participio.

Yo espero el momento exacto del subjuntivo
en que tengas tiempo para nosotros,
pero no el tiempo de las gramáticas,
sino el tiempo real de las caricias
que forjara o forjarse,
más allá de la niebla de la sintaxis,
la jaula de piel que nos encerrara.

Ignoremos la gramática para vivir,
por siempre, en los pronombres.

© Francisco Vargas. 17.3.10

 Imágenes de Chema Madoz