31 agosto 2010

Francisco Vargas, "Sabor de septiembre"


                                                    
“Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”.
Julio Cortázar, Rayuela

   Esta noche me sabe a septiembre
y vuelvo a contemplar la vida a través de un libro.
Esta noche es gentil y pagana,
sin aparente motivo.

Sentirse septiembre
en mitad del verano es una derrota,
es nostalgia de otra vida.
El tiempo se adelgaza
bajando por el embudo,
vertiendo las horas a la deriva de los días,
levantando del suelo
nubes de color de violines.

Lucho por permanecer en mi centro,
reclamo mis sueños dispersos,
las ilusiones que me abandonaron
en días de batallas perdidas,
extiendo mis brazos para abarcar todo el ser que soy,
para volver a ser simplemente infinito.

En las noches de verano
que saben a septiembre
veo desfilar la retahíla de las vidas 
que me quedan por vivir.

© Francisco Vargas. 26.07.10. (Releyendo "Rayuela")

27 agosto 2010

Virginia Fernández, "La ciudad que nunca duerme"

La ciudad que nunca duerme


E
stas páginas en blanco están inacabadas
por culpa de su voz pausada y dulce,
enteramente culpable del insomnio de esta ciudad marchita,
del asfalto que recorro 
y de los interrogantes.

Esta ciudad que nunca duerme
y que vela frente al mar
en vigilias de lunas que perdieron
el tren en la estación del ayer, me mira desde lejos.

Estas páginas en blanco
como observadoras anónimas del abandono a la noche
y de los temblores que la preceden.

Estas malditas páginas en blanco,
irremediables, insaciables, son y serán el escenario,
que me trae las ganas arrastradas,
y me las muestra ante mis pies desnudos.

Como telón de fondo una música de luna
reflejada en el mar,
que me mira impasible 
y me sonríe al ritmo de frenéticos acordes un tanto lunáticos.

© Virginia Fernández.

25 agosto 2010

Virginia Fernández, "Reflexiones"

Reflexiones

M
e pregunto qué hará mientras yo me ausento,
mientras leo Bella del señor
y reflexiono ante una imagen
o una historia que pasa por esa esquina,
mientras despisto a la imaginación
o acarreo sueños y los copio en una página en blanco.

No sé a qué realidades intrascendentales
dedicará su tiempo mientras tanto,
no sé si estará alegre.
Me pregunto qué pensará en este preciso momento,
en el que trato de quedarme en silencio
escuchando mi respiración.

Me imagino sus atardeceres y sus lecturas,
me pregunto por sus noches,
mientras yo deambulo aquí y allá,
mientras doy paseos en bicicleta,
recorro noches
y universos.

¿Qué hará en esa otra vida en la que yo no estoy?
¿Qué hará con sus cafés de la mañana?
Qué triste será cerrar la puerta por la noche.


© Virginia Fernández “Reflexiones”. Fragmento de diarios de usted.


Las imágenes corresponden a obras de Tamara de Lempicka

11 agosto 2010

Francisco Vargas, "Punto y coma"



Punto y coma
A Pierre,
de Librería Punto y Coma, Almería.

       Aquí las letras tienen vida propia,
tienen su manera de organizarse y construir mundos,
humano capricho de reglas inciertas pero inexorables,
nostalgias de paraísos perdidos o esencias de versos
que acechan el cuerpo de las palabras
y que duelen, mientras tanto,
como una iluminación de Rimbaud.

     Aquí yace la tarde con vistas al interior,
tras grandes ventanales hacia el universo mínimo
de las pequeñas cosas que los hombres
rotulamos con grandes y sonoros vocablos.
Libros apilados con seguro desorden,
llamadas a la subversión de los instintos,
ángelus a deshora, guerra y paz, el abrazo de un erizo…

        A las puertas de este libresco infierno
está un hombre de porte frágil y delicado,
mitad bohemio, mitad trotamundos,
rey de un castillo de naipes sobrio y soberano
como un faro ante la tormenta. 
Luz que se devora a sí misma 
en el cuerpo inerte de las letras.
Virgilio excomulgado, acechante
de mundanas eneidas.
Su voz, apenas audible, suena como un conjuro,
sus ojos son telarañas de historias que flotan
desordenadas en una nube de iris azules.

     Él podría decirte el círculo que te lleva directo
a una novela negra de Dashiell Hammet,
una fábula nacida en la nebulosa grisácea
de la mente de Kafka o una soleada guía de turistas
en Bangkok. Él podría sacarte del laberinto
del Minotauro o darte las llaves
de una mansión victoriana donde se respira
sentido y sensibilidad o, tal vez, orgullo y prejuicio.


    Sus largos dedos acarician el lomo 
de un libro de bolsillo igual que un talismán,
igual que un cáliz de amatistas
que inspirara visiones fugaces tatuadas a fuego
sobre una piel de pergamino. Tiene visos
de gran inquisidor a favor de la libertad,
peregrino del viento,
soneto shakespiriano de mesurada belleza,
borgiano gendarme de todos los hijos de Babel.
Cancerbero que muerde las entrañas de la ignorancia
a las puertas de la laguna Estigia
libando pócima de olvido.

     Venid aquí a ver al hombre que ama los libros,
venid a ver el libro hecho hombre de inspirada nobleza.

©Francisco Vargas. 24.3.10
Imágenes de Chema Madoz

06 agosto 2010

Francisco Vargas, "El poeta bilingüe"




EL POETA BILINGÜE

     Tiene ojos cansados de hombre de mundo,
tiene barba de antiguo profeta celta,
florida barba que arrastró por muchos caminos,
caminos en los que desgranó
el trigo duro de la vida.

Se acerca tímido y ensaya
el gesto preciso, entona salvas de terciopelo,
paladea en el aire con acento norteño:

- “Por una propina os recito un poema
de Rosalía de Castro”. “En castellano
y en gallego”, añade.

Entre apurado y divertido le invito
con una mirada y una sonrisa complaciente:
¡venga!

- “Adeus rios, adeus fontes...”

Y mientras recita,
siento el aire húmedo de las montiñas,
el verdor sereno de valles perdidos,
el gris olvidado de viejos caseríos,
vidas que discurren entre lluvias.
La mano vivaz de la “santiña”.

Satisfecho le doy la mano,
las gracias le doy, una propina de papel,
por más que quisiera darle su buena bolsa de oro.
Sonríe complacido como un rey
amado por su pueblo,
y redoblando su generosidad
de poeta y galán de antaño,
admirando de mi compañera de mesa
el azul líquido entre sus pestañas...

- Su señora tiene olhos de anxo,
y se aleja en un triunfo de nubes.

Adiós, profeta.
Adiós, hermano poeta.
Hasta siempre.


© Francisco Vargas. 2010

02 agosto 2010

Virginia Fernández, "Hoteles en tránsito".


Hoteles en tránsito

Hoy puedo decir que todas las ciudades
me parecen hoteles con sombras en tránsito,
y que todos los lugares se parecen.
Las estaciones de tren se me antojan iguales,
siempre hay una muchacha que dice adiós,
un viejo que baja del tren, un niño que llora,
un reloj prendido a la pared que cuenta
las horas.

Realmente no sé si existen diferencias entre tú
y yo,
y es que hoy
todos los estados de ánimo me persiguen a la vez,
todo se repite y yo voy por los tejados deambulando 
al anochecer,
pensándote.

Hoy encuentro que todos los naufragios son iguales,
todas las ciudades al unísono me susurran,
mis sueños son planos,
las lecturas al amanecer,
el frío inusual entrando por la ventana
en una noche de verano.

Hoy vuelvo una y otra vez a tus ojos,
y me derramo en tus manos,
fluyo como el agua que baja por tu piel.
Todas las ciudades me recuerdan a una,
y siempre me parecen vibrar al unísono
cuando te nombran.

© Virginia Fernández “Hoteles en tránsito”