30 abril 2010

Jose Emilio Pacheco, Premio Cervantes


A quien pueda interesar

Que otros hagan aún
el gran poema
los libros unitarios
las rotundas
obras que sean espejo
de armonía

A mí sólo me importa
el testimonio
del momento que pasa
las palabras
que dicta en su fluir
el tiempo en vuelo

La poesía que busco
es como un diario
en donde no hay proyecto ni medida

28 abril 2010

Virginia Fernández, "Momentos de equilibrio"


MOMENTOS DE EQUILIBRIO


      En este preciso momento
estará usted mirando por alguna ventana anónima
e impersonal, desde su despacho
totalmente iluminado,
cada pequeño detalle estará perfectamente cuidado,
describirá alguna parábola en el aire,
observará cómo pasan
los transeúntes por la calle,
cruzando el paso de cebra,
y no captará esa violencia
intrínseca del ser humano,
no podrá apreciar esa oscuridad
de la humanidad,
caminando, quizás como en un gueto,
perdidos en su soledad.

     Quizás usted no haya percibido
esa pequeña sutileza
casi imperceptible
que queda inmersa en cada uno de nosotros.

     Seguramente cuando usted mire
por esa ventana tan impersonal y transparente,
no sea capaz de asimilarlo,
ni siquiera lo pensará,
pero está ahí en el aire,
fruto de nuestra propia naturaleza.

     Pero quizás,
en ese mismo momento
en otro rincón de la ciudad,
o de cualquier lugar,
alguien se estremecerá
al escuchar el sonido de las gotas del agua
al golpear en el cristal,
o al escuchar el crujido de un pétalo al caer,
al ver una sonrisa,
entonces algo merecerá la pena.



© Virginia Fernández “Momentos de equilibrio”. 

25 abril 2010

Francisco Vargas,"Renacer".


RENACER

- Eh ! qu'aimes-tu donc, extraordinaire étranger ?
- J'aime les nuages. Les nuages qui passent... là-bas...là-bas les merveilleux nuages !
                                                                                               Baudelaire, Le spleen de Paris.
     Es ahora cuando siento
que no estoy presente ni ausente.
Es ahora cuando percibo que la vida
está en otro lugar siempre,
que la voluntad se perdió
en un galope de caballos grises.

     Hay signos en la lejana cadencia
de este atardecer de domingo.
Hay rumor de hojas que se asoman
a mis manos, a mis dedos, a mis huellas.
Hay canciones que repiten a coro
las palabras tantas veces olvidadas.

     Quisiera viajar lejos, muy lejos de aquí,
tan lejos que tenga que aprender
nuevamente el nombre de las cosas.
Donde todo sea extrañamiento, amanecer intacto,
pupila alerta, lentos abrazos,  
almanaques en blanco,  latidos a flor de piel.
               Absoluto renacer.

© Francisco Vargas.  18.4.10

22 abril 2010

Virginia Fernández, "Interferencias".


Interferencias                                                                                                                                     

     Traté de traer más mundo al mundo,
entrar poco a poco en ese lugar que no existe,
no fue más que eso,
lucha contra las interferencias,
y encuentro al fin y al cabo.

     De repente ese extrañamiento no fue
más que paralelismo de la realidad, o espejo,
difícil como una metáfora aún por nacer.
Quizás no fuera más que eso,
tal que así,
espacio que no existía,
pequeña sutileza,
interferencia de los sentidos.

     Quizás no fuera más que un claro ejemplo
de nuestras vidas
representadas en ese pequeño escenario,
telones que caían,
máscaras que trataban de comprender,
marionetas del azar,
huéspedes de una vida aún por vivir,
incomprensible momento.

     Traté de hacer desaparecer esas interferencias,
esas intelectualidades, nimiedades,
fue lo justo.
Esas pequeñas grietas
que se iban formando
poco a poco desaparecieron
y entré en ese mundo bilateral, espacio de fantasía,
para encontrarme y toparme de bruces con él,
en todo su esplendor,
diáfano ante mí se alzaba el mundo del Rey Momo.

© Virginia Fernández “Interferencias”

18 abril 2010

Francisco Vargas, "Equilibrio".


EQUILIBRIO                                                                                                                                                                                               

     Si no fuera por ti,
Yo no sería el ser que soy.
Si no fuera por ti,
Mi constante suero de vida.

     Por ti, transido de madrugada,
Con la conciencia alerta ante el deber de ser,
Voces que parten,
Líneas moribundas en libros que ni recuerdo,
Memoria petrificada.

     Súbita marea
Se eleva hasta la torre de mi retiro,
Filtra mi antiguo sentir,
El recuerdo de días pasados,
Tardes que fueron dulces y amargas,
Rostros elevados ante el poniente, manos yertas.

     Cuesta tanto llegar indemne a este momento,
A esta lucidez libre de cadenas y de gritos,
A este vagar solo entre las cosas, entre líricos despojos,
Como vagabundos entre la desnudez y la locura.

     Por ti, paraíso encapsulado,
Refugio del tiempo,
Condenado delirio que ilumina mi presente.
Ansia de equilibrio.


© Francisco Vargas. 6.4.10

 

10 abril 2010

Virginia Fernández, "Pictures of you".

                                                    Pictures of you                                                     
   Quisiera derribar sus fachadas,
quedarme hasta verlo entrar sin equipaje en la noche,
con sus ojos de curiosidad nada más,
con sus manos húmedas de distancias que caen,
con sus pestañas y su cabello, con su luz.

     Me gustaría tanto redimirlo a usted,
encontrar un momento de paz desubicada,
embriagarlo de verdades,
de eslabones pintados como un fresco de Miguel Ángel,
enloquecer su alma desnuda,
escucharlo gritar un nombre nada más.

     Sería magnífico contemplar cómo caen esas murallas,
derribar puertas y relojes,
descorrer las cortinas de la ira.
Delicioso momento el de usted al desnudo,
sólo hombre y sentimiento,
soledad y nubes,
gritando verdades,
cadenas que caen.

     Que sólo fuera palabras a la no desesperanza,
sólo manos para entender,
sólo estampa pintada en un sello que no borra la lluvia,
sólo adioses que no se van.
¡Ah! ¿Qué decir? Sólo paisaje que acaricie un cuerpo desnudo.



© Virginia Fernández “Pictures of you”.
 

08 abril 2010

Francisco Vargas, "Collige, virgo, rosas".


                                   “Collige, virgo, rosas...”                                  

          El profesor, ya pasados los cuarenta y con su último cumpleaños aún muy reciente, mira a sus alumnas y les repite una y otra vez el viejo tópico clásico:

          - Lo vemos en Ronsard, en Garcilaso, en Góngora. Lo vemos en la literatura occidental desde hace veinte siglos. Siempre está ahí, siempre igual, aunque formulado con ligeras variantes en distintos idiomas, pero siempre significa lo mismo. Es una invitación al presente, al aquí y ahora. Somos como las rosas que florecemos un día y al día siguiente nos marchitamos.

          Ellas escuchan con ojos brillantes y asienten, parecen comprender, aunque no comprendan del todo. Sus mentes vuelan hacia un nombre concreto, un amor presente o pasado. Una caricia tierna y un sueño tantas veces repetido.

          Mientras tanto el profesor mira por la ventana, entretiene la mirada observando las nubes que pasan y nunca son iguales. Esas nubes que no pudieron ser el telón de fondo de un día en que amó y calló, mientras sentía cómo una rosa de escarcha se marchitaba, por siempre, entre sus manos.


© Francisco Vargas. 10.2.10

01 abril 2010

Francisco Vargas, "Cadenas rotas".

                                        Cadenas rotas                                            

Brotaron de tus manos,
arrastraron ponientes y auroras,
enviaron emisarios a donde la luz no llega,
atravesaron nubes de tormenta sobre desiertos ajados,
sembraron el horizonte de rojos y escarlatas sobre grises.


Sobrevivieron al tiempo,
aleteando como aves de paso,
iluminando las noches solitarias,
regando la tierra que persiste bajo las aceras,
levantando pechos ante la adversidad, levantando brazos.


Ahora están frente a ti,
frágil suma de equilibrios,
mirándote cara a cara,
retándote a no apartar la vista,
burlándose de tu cobardía y tu ceguera.


Ahora exigen ser,
brotando del insomnio de las mareas,
brillando con cada nueva luna llena,
latiendo con orgullo en el pecho de los hombres,
gimiendo por cada segundo que pasa
y no haces nada, no dices nada,
no eres nada.


Aquí, ahora,
ángeles en la espesura,
donde gime insistente
el llanto de un niño,
donde se rompen las cadenas,
donde la libertad remonta el vuelo.


Aquí, ahora,
donde la vida aún vale la pena.

© Francisco Vargas. 30.3.10