27 febrero 2010

Francisco Vargas, "Vasos comunicantes".


                                                     (Los vasos comunicantes, homenaje a André Breton,1938, Diego Rivera)

Vasos comunicantes.

Sobre las aceras se dibujan los espejismos humanos,
vibra el rumor de pasos constantes, de gente que ocupa sus horas,
gente que ha olvidado el oscuro secreto que dio origen al universo.

Sobre las aceras es íntimo y distante el ajeno latido,
miradas que gritan el lenguaje perdido de los dioses antiguos,
cuando bastaba apenas un escalofrío para ser parte del todo, parte del ser.

Y vamos derrocando los antiguos chamanes, antiguas profecías,
pero el miedo nos mide el traje nuevo de cada día
con el que nos vestimos y ocultamos nuestra ignorancia.

Y aparentamos cierta soberbia distancia, mientras por dentro
la calavera nos delata, la sangre nos delata, el aliento nos delata.
Imposible ocultar la vieja materia, el barro con el que estamos hechos.

A veces quisiera pararme en medio de la calle y gritar muy alto,
y sacudir los hombros, agitar las cabezas, despertar los universos dormidos.
Aullar como un profeta en medio de la nada que promete un cielo y una eternidad.

Pero me puede la ley del silencio,
voy caminando bajo la lluvia como bajo un cielo cualquiera,
voy desatando nudos que oprimen cuellos de pájaros enjaulados,
voy liberando colores que iluminen el día gris que nos envuelve.

Y sé que en otra parte de esta misma ciudad o del mundo,
vas caminando bajo la lluvia reflejando tus ansias en los charcos,
vas desatando pensamientos que te inundan y te desbordan cada instante,
vas liberando esencias dormidas en el aire que palpitan a tu alrededor y te señalan.

Lo sé, aunque no te conozca.

© Francisco Vargas. 17.2.10

15 febrero 2010

Días de lluvia y pensamientos...


         
"Voy por tu cuerpo como por el mundo" 
Octavio Paz

                   EXILIOS

Aquí me encuentro
en este exilio.
Exilio de párpados cerrados
y de preguntas,
de ventanales con signos de interrogación.

Aquí me encuentro
en esta ruina de espacios,
con utopías irrelevantes
mirándome sin comprender,
con lunas de puertas cerradas,
con estadios de luz incandescente.

Aquí me encuentro
exiliada de los adioses
y los abrazos,
exiliada del mundo
y de su rutina,
exiliada de sus cuestiones,
de sus miradas de pronóstico reservado,
de sus incertidumbres.

Aquí me encuentro en el silencio
de esta tarde invernal y callejera,
esperando el anochecer,
que seguro traerá sonrisas nuevas
que me harán olvidar este exilio
impenetrable y asustado.


© Virginia Fernández “Exilios”



                     Interior


En días de lluvia y frío
abrimos los salones interiores de la memoria,
ahondamos en el callado devenir de las cosas,
liberamos palomas que se confunden con las nubes.

El mundo se hace pequeñito, interior.
Nos conformamos con un pequeño reino de calor,
nos abrigamos entre versos de silencio y quietud,
buscamos las más bellas citas entre las líneas de los libros
que alguna vez amamos.

Porque las palabras y los versos abrigan
de una manera en que no lo hace la piel amada,
de una manera en que sentiremos que nuestro cuerpo
no tiene límites, oyendo la sinfonía de espacios ignotos que nos habitan.

En días de lluvia y frío
voy construyendo pieza a pieza y verso a verso
el mundo perdido que presiento, el paraíso que me negó
un dios, el infinito que construye mis sueños, alienta mis horas...

... Porque cada vez tengo más pasado,
porque he vivido muchos días de lluvia y frío,
porque he aprendido el placer de ser tan sólo interior.


© Francisco Vargas. 13.2.10.


13 febrero 2010

Virginia Fernández, "Pretensiones".

Pretensiones

Quiero ser poeta,
y vivir en mis versos,
mecerme en un susurro,
correr con el viento de cara.

Me gustaría volverme poema,
quedarme en su regazo,
dormirme entre sus párpados,
vestirme con sus ojos,
hacer muecas a la luna,
guiños a su piel,
descomponerme en su métrica.

Daría todo lo que tengo
por convertirme
en una pequeña estrofa que llevara su nombre,
acariciarlo con pequeños susurros,
cantarle una canción al oído.

No sé hasta qué punto estaría bien
reconvertirme en un soneto,
decir algo extravagante.
No sé si podría explicarme lo suficientemente bien
para poder decir algo que lo estremeciera a usted.


© Virginia Fernández “Pretensiones” Fragmento de "Diarios de usted".


08 febrero 2010

Francisco Vargas, "Auteluya"


Auteluya nº mil.


                                        (A Luis Eduardo Aute en rojo sobre fondo gris tras un magnífico concierto)


Pareces invisible
entre restos de cigarrillos, voces, ecos,
actos reflejos de la memoria
que te llevan y te traen
recuerdos rescatados del fondo de los días
plenamente vividos.
Naufragios de alcohol,
segundos petrificados
en habitaciones de hotel y equipajes perdidos ...

Cántame slowly,
porque el placer
se ha de vivir con pausa y sin prisa.
A cambio
yo te voy a componer
una sonata de ríos de saliva
sobre el abismo de tu piel,
y no me mires
con ojos de asombro y pupilas a la deriva.

Algo habrá que hacer
si la noche es breve,
y los días no nos pertenecen
y el jefe me vigila
con rostro tosco y mirada aleve.

Un día de estos
me voy a vengar
de las horas en punto.
Inventaré una ciudad donde los relojes
no existan,
para tener tiempo
de encontrar rosas en el mar,
rosas para la rosa sin rumbo
de mis días,
brújula de mis hondos
laberintos,
coraje de hombre o fulgor de valentías.
Pero llámalo, si quieres,
simplemente melancolía.

Y aullar si es preciso
a la luna de tu pecho,
esperando sin tu latido
la llegada del alba,
porque te deseo y asumo ese derecho.

Y si no llego esta madrugada
es porque Aute acabó su copa
y es justo el momento del aplauso y la retirada.

© Francisco Vargas (7-noviembre-2009).

03 febrero 2010

Virginia Fernández, dos poemas.


                       

              I.
         Noes

No duele el amanecer
cuando no estás,
es sólo un pequeño pinchazo
en el pecho.
Es sólo una desazón
que oprime cada músculo de mi cuerpo.

No te echo de menos al atardecer
cuando el viento empieza a contarme
una canción de cuna.
No pienso en ti,
no existen pensamientos trasnochados,
es sólo una pequeña herida,
un jirón roto de tela que se va haciendo
cada vez más grande.

Es sólo que me acuerdo de ese mimo
que se mueve en la rambla de las flores,
ese cielo gris que me recuerda a tus ojos,
ese atardecer que no va a volver si no me miras.
Es sólo ese desamparo,
esta cama vacía con tu hueco exacto
debajo del edredón.
Es sólo eso, nada más.

© Virginia Fernández “Noes”




             II.
    Percepciones

Qué fácil se me hace
cuando usted viene con una sonrisa.
El tiempo se para entonces,
se descorren las cortinas,
se descosen los botones de las camisas.
Entra una brisa que huele a ciudad y lluvia.

Qué fácil me lo hace cuando me mira,
se disipan todas las dudas,
alegre cae la tarde
entre llovizna y olor a sándalo.

Qué temor es encontrarlo inesperadamente,
que fulgor en el pecho,
qué delirio más grande mirar sus ojos cuando oscurece.
Cuántos versos nacen en ese estado anímico de la razón.

¡Ah! Pero cuando se nubla su mirada,
se produce entonces ese volverse hacia el interior,
ese aislamiento que hiela la piel,
esa percepción desde afuera,
ese sentirse solo en un desierto.

Ocurre entonces el milagro.
ocurre entonces que el poeta percibe que está enamorado,
que es amante.
Es entonces cuando empieza a hablarle de usted a un poema.


© Virginia Fernández “Percepciones”