08 abril 2010

Francisco Vargas, "Collige, virgo, rosas".


                                   “Collige, virgo, rosas...”                                  

          El profesor, ya pasados los cuarenta y con su último cumpleaños aún muy reciente, mira a sus alumnas y les repite una y otra vez el viejo tópico clásico:

          - Lo vemos en Ronsard, en Garcilaso, en Góngora. Lo vemos en la literatura occidental desde hace veinte siglos. Siempre está ahí, siempre igual, aunque formulado con ligeras variantes en distintos idiomas, pero siempre significa lo mismo. Es una invitación al presente, al aquí y ahora. Somos como las rosas que florecemos un día y al día siguiente nos marchitamos.

          Ellas escuchan con ojos brillantes y asienten, parecen comprender, aunque no comprendan del todo. Sus mentes vuelan hacia un nombre concreto, un amor presente o pasado. Una caricia tierna y un sueño tantas veces repetido.

          Mientras tanto el profesor mira por la ventana, entretiene la mirada observando las nubes que pasan y nunca son iguales. Esas nubes que no pudieron ser el telón de fondo de un día en que amó y calló, mientras sentía cómo una rosa de escarcha se marchitaba, por siempre, entre sus manos.


© Francisco Vargas. 10.2.10

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