30 enero 2010

Francisco Vargas, "Interrogantes"


             INTERROGANTES 

     De noche, andando ya la madrugada,
cuando uno vuelve solo a casa,
las avenidas son largas y solitarias
y el parpadeo de los semáforos
deja mensajes cifrados
de ritmos nocturnos y gestos sonámbulos.
El agua domesticada de las fuentes
no fluye, no tiene derecho a elevarse
si no hay ojos que la miran.

La ciudad en la que vivo
lentifica su latido,
deja apenas sólo
las luces de emergencia,
el calmo vibrar de vida en sueños.
Y yo ando con paso sigiloso
para no despertar ladridos dormidos,
para no ensuciar el lamido de la luna
sobre las aceras.

Respirar el aire frío entonces
abre ventanas en las venas,
despierta agudas sensaciones,
eleva plegarias de incógnito sentido.
Aire de madrugada y piel de nocturno silencio,
mientras navega el barco de la noche
entre olas quebradas y estrellas empañadas.

¿A qué sabe el asfalto de madrugada,
por qué gritan las luces de neón, los carteles en las fachadas?
¿Por qué los edificios multiplican el vértigo y la locura?
¿Por qué echo de menos la arena de la playa?
¿Por qué la madrugada trae rincones de penumbra
con preguntas suicidas y puñales de nostalgia?

De noche, andando ya la madrugada,
cuando uno vuelve solo a casa,
las avenidas son largas y solitarias
y uno se hace preguntas
que incomodan la conciencia dormida
hasta que amanece.

 © Francisco Vargas. 23 enero 2003.

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