18 agosto 2009

Darío Jaramillo: "Ese otro que también me habita".


Delirio

 
Porque sueño,
yo sé que soy.
Porque sueño,
yo sé que existo.
Porque sueño siento
que nazco cada mañana.

Me desprendo del zarpazo
de tu vagón sin destino,
me caigo alborotado
del País de los sueños.
 
Y mi vuelta es tan brutal,
que ese que también me habita,
me mira despacio, y con pena.
 
Porque sueño,
yo no lo estoy.
Porque sueño,
yo no estoy loco.

Ese que también me habita,
me lo recuerda,
gracias a él yo no me caigo. 

© Virginia Fernández “Delirio” (17.08.09)





Juego de refleJos


Alguna vez miro hacia atrás
y dejo abiertas de par en par
las ventanas de la memoria.
Veo volar libélulas de nostalgia
como gotas de lluvia
en días de papel.

Dejo abiertas de par en par
las ventanas de otros ayeres,
las esclusas de sueños muertos,
las desmayadas ilusiones,
las tardes estériles
frente al mar.

Dejo alejarse mi sangre,
mi pulso, mi antiguo sentir...
Es un adiós callado,
un gemido de sombras,
atardeceres como sábanas rotas
en una cama abandonada.

Dejo abiertas de par en par
las ventanas de la memoria
para contemplar
el ser que nunca fui,
el deseo que nunca cumplí,
el amor que jamás viví.

Y desde el otro lado del cristal
me vuelve su rostro interrogante
ese otro que también me habita.

© Francisco Vargas (18-agosto-09)

10 agosto 2009

Por tu culpa he vuelto a Pessoa


De insomnios con Pessoa.

Me has hecho volver
a Pessoa,
a sus dudas incandescentes,
a sus realismos impares,
a su color neutral
y muerto,
a su cansancio
de no estar cansado.

Estarás contento
de este delirio,
de este insomnio dolorido,
desquebrajado.

En este estado casual,
de adicción sin conflictos,
de extremado universo,
se puede a veces
entender la soledad.

Por tu culpa
he vuelto a querer ser
frases y olvidos,
amaneceres en vela.
Estarás contento,
Pessoa debe estarlo.


© Virginia Fernández “De insomnios con Pessoa”
(05.08.09)
En Bédar, y camino de Lisboa




Por tu culpa he vuelto a Pessoa.


¡Oh dichosa culpa!
¡Felix culpa!
A lo lejos
ya presiento que eres tú.
Voy a ti
desde un mar a un océano.
Quimera atlántica,
vigía del ocaso
entre la tierra y el agua.
Sirena con pechos de mujer
y cola de mil historias o escamas
que se hunde en el mar.
Contemplas en doble espejo
– dulce y salado-
tu gracia antigua.

A lo lejos
ya presiento que eres tú.
Mi hermosa ignota amada.
Cuatro veces una década
me alejan de ti.
Pero tú has sabido esperar,
más nueva, más adusta, más sabia,
venciendo a la historia,
a la catástrofe y a los hombres.
Y aunque jamás besara tu frente,
yo sé que te pertenezco.
Y aunque jamás supieras de mí,
yo sé que me perteneces.

Voy hacia ti,
no podía ser de otra manera.
El peregrino al fin
alcanza la ribera.
En tu seno nació,
varón de letras, la Persona.
Su palabra redime y enamora.

Voy a ti,
madre nutricia Lisboa.
¡Perdona mi culpa,
he vuelto a Pessoa!


© Francisco Vargas (10-agosto-09)