21 julio 2009

Pablo Armando Fernández: “Pero ¿cómo sería tu amor / sin tus rencores?”


Duda



Esta esperanza de ser lejos de ti
amante sordo y ciego
en brazos
que no serán tus brazos
en labios
que no serán tus labios
entre dedos deshaciendo
los nudos de otros
despertares
lejos lejos lejos
muy lejos de ti


O buscar cobarde
una tregua entre tus dientes
marcando a fuego lento
la señal de mi absoluta
dependencia de ti


Pero ¿cómo sería tu amor
sin tus rencores?
¿Cómo sería caminar de la mano
en el tránsito de un amanecer
sin tus rencores?
¿Cómo sería retener la dicha
entre las manos
sin tus rencores?


He soñado otros paraísos
he vivido otros infiernos
he temido vaciarme
una vez más
en otras noches
entre sábanas de luna
pronunciando nombres
que apenas duran un instante


Y he vuelto mis ojos
tantas veces
buscando tu cuerpo
en la penumbra de esta habitación
palpando la sangre de tus venas
sintiendo la sal de tu pecho
para volver a cerrarlos
niño hombre
a la sombra de tus brazos


Y me rindo
incondicionalmente
a la evidencia
de que no existe otro mundo
que no lleve tu nombre
otro universo
que no gire en torno a ti



© Francisco Vargas (12-junio-09)

Secreto a voces  

Hoy la noche me susurra
ciertos secretos,
estadistas anónimas, las estrellas,
andan silentes por las esquinas
de mi ciudad en blanco.

He pensado en abandonarme,
dejarme caer lentamente
en este caminar acompasado,
entre horizontes verticales
y camas con ventanales abiertos.

Dime si has pensado alguna vez
en dejarte llevar por las olas de arena,
por el calor que abrasa la piel,
por las huellas que deja tu caminar.

Dime si te ha pasado, al ver la tarde caer,
una desazón que quema aquí adentro,
y que cura cuando te mira.
Dime, pero,
¿Cómo sería tu amor sin tus rencores?



© Virginia Fernández “secretos a voces”
20.07.09
En un noche de verano en Bédar y con las ventanas abiertas.


07 julio 2009

José Saramago: "Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran".


Trozo de percepción temporaria

A veces la tarde
me cuenta mañanas
solitarias,
transeúntes dormitando,
cafés a deshoras.
La lluvia entumeciendo
la tarde,
descuidando la noche.


A veces usted
me cambia las aguas
del reloj,
a veces me mira,
y al sonreír parece
un reloj de pared,
tan serio y solitario.

Por supuesto, usted sonríe,
y puede que un brillo
en sus ojos me cambie
por un instante.

A veces me cambio
por un invierno de trozos
de papel, de tinta
en el tintero.

Otras veces me convierto
en un ciego que ve,
pero que no quiere mirar.

Por supuesto,
usted sonríe,
y puede que poco a poco
comience a querer ser
de nuevo,
tarde contando mañanas,
transeúntes dormitando,
café a deshoras,
y cómo no,
lluvia entumeciendo
la tarde,
y descuidando la noche.


© Virginia Fernández “Trozo de percepción temporaria”






Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran, por eso los libros van siendo el único lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo, porque sabiendo que no puedes mirarlos te ayudan a ver, o si los miras mucho te olvidas de verlos pudiendo llegar a ver lo que quieren que veas, con el peligro que ello entraña.

(c) Jacinto Barragán.


Ojos
Pero no miramos
Somos ciegos que no se miran se palpan
Somos ojos que no ven más allá de las formas
Somos ciegos que pueden ver pero que no miran
Somos naves a la deriva tras la estela del sueño
Somos seres que se buscan en el fondo
Pero no miramos
Ciegos

© Francisco Vargas (7-julio-09, madrugada)