08 junio 2009

Reinhart: “Lo bello es ese sabor efímero en la punta de la lengua como si fuera para siempre”.


Presencia

Lo bello es ese sabor efímero en la lengua,
ese color de tu piel reflejado en mis ojos,
anaranjado y brillante,
expectante e irracional,
diría metamorfósico, o incluso irreal.
Ese sabor bello y ambiguo,
arrastrando a su paso cuán huracán,
arrebatadora presencia,
qué más decir,
simple,
pero irremediablemente necesario,
así, ya está,
no más palabras,
punto y final.


© Virginia Fernández “Presencia”
Almería 14/05/09







Por ti

He venido a esta ciudad por ti.
He respirado las calles absortas de inquieta humanidad.
He olvidado el azul del cielo
por el negro de tus ojos.
No hay reproches.
Fue una apuesta. He perdido.
Sangre atónita, cuerpo inerte.
Me escurro lentamente entre las alcantarillas
de esta ciudad de olvido. Como niebla o humo de ajenos cigarrillos.
Camino de infierno o soledad de luces
en la madrugada.
Un beso tuyo, eso me basta.
Y el consuelo de saber que “lo bello es ese sabor efímero
en la punta de la lengua como si fuera para siempre”.
Vine a esta ciudad por ti.


(c) Francisco Vargas, Aula 15 (14 de mayo de 2009)







Él / Ella


Como cada jueves él pasó a recogerla en la misma esquina de siempre; ella lo esperaba paciente como de costumbre.

Él paró, se fijó en su falda muy corta. No podía disimular que no era de su agrado. Ella le adivinó el pensamiento, pero no se molestó en argumentarle, una vez más, que era más cómodo para su trabajo y del gusto de los clientes.

Al subir al coche, él la recibió con un saludo agradable, ella con una sonrisa y un beso. Él le pidió preferencias, ella eligió cenar y él pensó que mejor en casa.

La cena fue rápida, la sobremesa lenta. Postres no hubo, así que la conversación inició temprana. El camino al dormitorio nunca tuvo obstáculos. De preámbulos y eufemismos nadie se acuerda.

En la cama, el hablar es de otro modo, él le dice algo, ella le escucha todo. Sus ojos, los de ella, despiertos lo analizan, lo estudian, le ayudan a pensar, a decir, a sincerarse, a liberarse de todo aquello que no puede. Y analiza, ella, todo lo que él le cuenta, para formar así composición de lugar, personas y sentimientos.

Al encender la mañana, él duerme tranquilo con el corazón liberado. Ella se levanta, se viste, recoge su dinero de dónde él suele dejárselo. No es mucho lo que así consigue, pero “lo bello es ese sabor efímero en la punta de la lengua como si fuera para siempre” que le deja el buen decir.


(c) Lorenzo

1 comentario:

  1. Hola niños, interesante espacio bloggero y poetero...
    besos

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