Emma Fernández, "Reina con gola de un sueño sin geometría".

(Fotografía: Emma Fernández, "Reina con gola de un sueño sin geometría")




Sueño sin geometría


Dejó de coleccionar lecturas,

arrugadas en un viejo papel,

las letras se agrietaron

en dolor de color cristal,

se hicieron lluvia de rocío

y licor de atardecer.



Dejó de colorear el viento,

y de gastar utopías,

malhumoradas notas

llovieron del cielo,

desparpajo atolondrado,

leve aleteo

de una mariposa asustada.



Dejó de coleccionar

raíces cuadradas

y número primos,

bellos diamantes

con forma de corazón.



El invierno trajo el descanso,

y dejó de soñar sueños.

Ella, la reina con gola

de un sueño sin geometría.


(c) Virginia Fernández, "Sueño sin geometría".





Retrato sin fondo

A Virginia. Gracias por el cartel, gracias por ti, gracias.


El aire languidece en torno a ti,

homenaje de átomos que te conforman,

rayo de luz de inminente ser

bajo la niebla de sueños

que te anidan. Sueños de hielo,

inmutable porvenir.



Exquisitamente labrada de deseo,

impreciso destino, carne etérea.

Voz apenas que surge como sirena odiseica

tierra adentro. Muy adentro.



Pero no digas nada, no respires,

tan solo mira,

no respondas, no parpadees,

tan solo siente.

No entregues tu latido.



Eres tal vez o tal vez no eres,

mientras tanto

olvida las horas pasadas,

los días vividos, los versos huidos.

Retrato sin fondo, sin geometría.



Atrás muy atrás

ve dejando el vivir que te enseñaron,

aprendiendo a desvivirte

de ese absurdo pasado como un yugo

que te unce a la condena de los días

iguales a otros días.

Olvida las caducas humanas reglas,

reina con gola de un sueño sin geometría.



(c) Francisco Vargas Fernández (19-noviembre-09).

"Ágora", de Alejandro Amenábar.





Hypatia


He pensado en diluirme,

capturar ese momento

en que los átomos empiezan

a desintegrarse, lejos de una forma,

o un cuerpo, ver cómo desaparezco

poco a poco, intuirme en el espacio,

desaparecer.


He soñado tantas veces

en conventirme en mar,

formar parte

de esa gran inmensidad azul

que se despliega ante ti.


He luchado muchas noches

con el azul oscuro que hay

encima de nosotros,

con ese manto de pequeñas luces

infinitas.


Me gustaría tanto

entender ese gran abismo

que se forma en tu mirada

en los días de tormenta.


No sé si te ha pasado

al ver el amanecer

un estremecimiento

que recorre tu espalda.


No sé por qué,

pero he buscado tantas veces

sin encontrar una respuesta.

Y aquí cada vez soy menos yo,

universo.



©Virginia Fernández, "Hypatia".







Hypatia


He buscado

la verdad enterrada entre papiros,

sospecho el latido del mundo

entre letras tatuadas

en la piel de siglos pretéritos.

No hay una palabra de geometría, álgebra

o astronomía que no haya rescatado

y anotado, primorosamente,

una vez transida de su espíritu.


He amado

las enseñanzas de los viejos filósofos

-aquellos que no necesitaron

dioses para dar forma a esa verdad llamada Ser-

y he difundido su palabra

como palabra de verdad.

A muchos jóvenes de tenue belleza

y rostro imberbe he infundido el saber

y el querer saber.

Pues no sabiendo

el hombre no es hombre...


He visto

en los ojos del aprendiz

el boceto del porvenir y la labor ingente

que los siglos nos han de traer.

Y sé que viviré

donde surja una chispa del ansia

que la verdad codicia.

Y sé que me recordarán

mirando a las estrellas

y sabrán que yo también supe.


He apartado

los ojos de ese dios crucificado,

en cuyo nombre

se dictan sentencias de muerte

por boca de seres en vida muertos.


He ignorado

el calor de mi vientre

y la erizada tersura de mis pechos

cuando un hombre me roza apenas

con su aliento.


En esta biblioteca

he olvidado que tengo cuerpo,

que tengo manos,

que tengo raíces que me atan a la tierra

como la sangre que derrama mi sexo,

por más que yo solo me sienta Universo.


He añorado

vivir infinitas vidas,

pero solo la muerte, con su elipse final,

me ha mostrado la Verdad.


©Francisco Vargas (9- noviembre- 2009).


Trindade Coelho: "Estas eternas saudades".


Diario de Lisboa


Descubro poco a poco hasta qué punto tiene encanto esta ciudad, paseo por sus largas calles empedradas, como si me encontrara en la ciudad más conocida del mundo, y sin embargo es la primera vez que paseo sus calles, respiro el aroma de páginas escritas a fuego lento, me descubro en ella como observadora anónima, estadista libre, y me inspira tanto sin saberlo, sin ni siquiera intuirlo. Hay librerías con libros antiguos que cierran a deshoras, y cafés con genio en la Rua Garret, te escucho mientras bajo a contraluz la calle y me creo protagonista única del mundo, musa de tus relatos inciertos. Estas infinitas saudades que no logro despejar, hondas y profundas cuando me despido de ti, me desprendo de tu abrazo, y todo es tan real y colorido que me dan ganas de quedarme en ti. Ay Lisboa, amo.te Lisboa, adiós Lisboa, adiós.


© Virginia Fernández “Diario de Lisboa”
29.08.09




Amo.te Lisboa

Nunca supe de esta nostalgia
nacida de paseos, tranvías,
de avenidas empedradas
y de rostros desconocidos.

Nunca supe de calles que suben
y muestran el envés de una ciudad.
Calles como ríos o cataratas
buscando el remanso de una plaza
con fuente y estatua de héroe.

Nunca supe que un idioma
puede ser cadencia y melodía,
notas de fado en el bullicio
de calles ignotas.

Nunca supe que unas letras
pudieran inspirar dulzura
y sonrisa, colores y luz
sobre el amarillo de una tarde lejana.

Nunca supe que hicieran falta
siete veces siete vidas
para llevarse el latido
de tus siete corazones.

Nunca supe amar a una ciudad
como ahora te amo a ti, Lisboa.
Aquí te dejo
mis breves días de amante.
Yo me llevo
estas eternas saudades...


© Francisco Vargas, volando hacia Madrid (28-8-09).

Darío Jaramillo: "Ese otro que también me habita".


Delirio



Porque sueño,

yo sé que soy.

Porque sueño,

yo sé que existo.

Porque sueño siento

que nazco cada mañana.


Me desprendo del zarpazo

de tu vagón sin destino,

me caigo alborotado

del País de los sueños,

Y mi vuelta es tan brutal,

que ese que también me habita,

me mira despacio, y con pena.


Porque sueño,

yo no lo estoy.

Porque sueño,

yo no estoy loco.

Ese que también me habita,

me lo recuerda,

gracias a él yo no me caigo.


© Virginia Fernández “Delirio” (17.08.09)



Juego de refleJos


Alguna vez miro hacia atrás

y dejo abiertas de par en par

las ventanas de la memoria.

Veo volar libélulas de nostalgia

como gotas de lluvia

en días de papel.


Dejo abiertas de par en par

las ventanas de otros ayeres,

las esclusas de sueños muertos,

las desmayadas ilusiones,

las tardes estériles

frente al mar.


Dejo alejarse mi sangre,

mi pulso, mi antiguo sentir...

Es un adiós callado,

un gemido de sombras,

atardeceres como sábanas rotas

en una cama abandonada.


Dejo abiertas de par en par

las ventanas de la memoria

para contemplar

el ser que nunca fui,

el deseo que nunca cumplí,

el amor que jamás viví.


Y desde el otro lado del cristal

me vuelve su rostro interrogante

ese otro que también me habita.


© Francisco Vargas (18-agosto-09)

Por tu culpa he vuelto a Pessoa


De insomnios con Pessoa.

Me has hecho volver
a Pessoa,
a sus dudas incandescentes,
a sus realismos impares,
a su color neutral
y muerto,
a su cansancio
de no estar cansado.

Estarás contento
de este delirio,
de este insomnio dolorido,
desquebrajado.

En este estado casual,
de adicción sin conflictos,
de extremado universo,
se puede a veces
entender la soledad.

Por tu culpa
he vuelto a querer ser
frases y olvidos,
amaneceres en vela.
Estarás contento,
Pessoa debe estarlo.


© Virginia Fernández “De insomnios con Pessoa”
(05.08.09)
En Bédar, y camino de Lisboa




Por tu culpa he vuelto a Pessoa.


¡Oh dichosa culpa!
¡Felix culpa!
A lo lejos
ya presiento que eres tú.
Voy a ti
desde un mar a un océano.
Quimera atlántica,
vigía del ocaso
entre la tierra y el agua.
Sirena con pechos de mujer
y cola de mil historias o escamas
que se hunde en el mar.
Contemplas en doble espejo
– dulce y salado-
tu gracia antigua.

A lo lejos
ya presiento que eres tú.
Mi hermosa ignota amada.
Cuatro veces una década
me alejan de ti.
Pero tú has sabido esperar,
más nueva, más adusta, más sabia,
venciendo a la historia,
a la catástrofe y a los hombres.
Y aunque jamás besara tu frente,
yo sé que te pertenezco.
Y aunque jamás supieras de mi,
yo sé que me perteneces.

Voy hacia ti,
no podía ser de otra manera.
El peregrino al fin
alcanza la ribera.
En tu seno nació,
varón de letras, la Persona.
Su palabra redime y enamora.

Voy a ti,
madre nutricia Lisboa.
¡Perdona mi culpa,
he vuelto a Pessoa!


© Francisco Vargas (10-agosto-09)

Pablo Armando Fernández: “Pero ¿cómo sería tu amor / sin tus rencores?”

Duda


Esta esperanza de ser lejos de ti

amante sordo y ciego

en brazos

que no serán tus brazos

en labios

que no serán tus labios

entre dedos deshaciendo

los nudos de otros

despertares

lejos lejos lejos

muy lejos de ti


O buscar cobarde

una tregua entre tus dientes

marcando a fuego lento

la señal de mi absoluta

dependencia de ti


Pero ¿cómo sería tu amor

sin tus rencores?

¿Cómo sería caminar de la mano

en el tránsito de un amanecer

sin tus rencores?

¿Cómo sería retener la dicha

entre las manos

sin tus rencores?


He soñado otros paraísos

he vivido otros infiernos

he temido vaciarme

una vez más

en otras noches

entre sábanas de luna

pronunciando nombres

que apenas duran un instante


Y he vuelto mis ojos

tantas veces

buscando tu cuerpo

en la penumbra de esta habitación

palpando la sangre de tus venas

sintiendo la sal de tu pecho

para volver a cerrarlos

niño hombre

a la sombra de tus brazos


Y me rindo

incondicionalmente

a la evidencia

de que no existe otro mundo

que no lleve tu nombre

otro universo

que no gire en torno a ti



© Francisco Vargas (12-junio-09)

Secreto a voces


Hoy la noche me susurra
ciertos secretos,
estadistas anónimas, las estrellas,
andan silentes por las esquinas
de mi ciudad en blanco.


He pensado en abandonarme,
dejarme caer lentamente
en este caminar acompasado,
entre horizontes verticales
y camas con ventanales abiertos.

Dime si has pensado alguna vez
en dejarte llevar por las olas de arena,
por el calor que abrasa la piel,
por las huellas que deja tu caminar.

Dime si te ha pasado, al ver la tarde caer,
una desazón que quema aquí adentro,
y que cura cuando te mira.
Dime, pero,
¿Cómo sería tu amor sin tus rencores?



© Virginia Fernández “secretos a voces”

20.07.09

En un noche de verano en Bédar y con las ventanas abiertas.



José Saramago: "Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran".


Trozo de percepción temporaria

A veces la tarde
me cuenta mañanas
solitarias,
transeúntes dormitando,
cafés a deshoras.
La lluvia entumeciendo
la tarde,
descuidando la noche.


A veces usted
me cambia las aguas
del reloj,

a veces me mira,
y al sonreír parece
un reloj de pared,
tan serio y solitario.

Por supuesto, usted sonríe,
y puede que un brillo
en sus ojos me cambie
por un instante.

A veces me cambio
por un invierno de trozos
de papel, de tinta
en el tintero.

Otras veces me convierto
en un ciego que ve,
pero que no quiere mirar.

Por supuesto,
usted sonríe,
y puede que poco a poco
comience a querer ser
de nuevo,
tarde contando mañanas,
transeúntes dormitando,
café a deshoras,
y cómo no,
lluvia entumeciendo
la tarde,
y descuidando la noche.


© Virginia Fernández “Trozo de percepción temporaria”





Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran, por eso los libros van siendo el único lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo, porque sabiendo que no puedes mirarlos te ayudan a ver, o si los miras mucho te olvidas de verlos pudiendo llegar a ver lo que quieren que veas, con el peligro que ello entraña.

(c) Jacinto Barragán.


Ojos
Pero no miramos
Somos ciegos que no se miran se palpan
Somos ojos que no ven más allá de las formas
Somos ciegos que pueden ver pero que no miran
Somos naves a la deriva tras la estela del sueño
Somos seres que se buscan en el fondo
Pero no miramos
Ciegos


© Francisco Vargas (7-julio-09, madrugada)